8/6/15

las manos de la bibliotecaria

Ah, si pudieran ver sus manos. Cristo bendito, qué hermosura. Rebosantes de colágeno, elastina y ácido hialurónico. Finas y suaves, femeninas hasta el colapso nervioso, hay que esforzarse para no besar cada falange, lengüetear las cutículas y roer con cariño las yemas de sus dedos. Ella piensa que soy capaz de leerme Moby Dick en un día y Los episodios nacionales completos en apenas quince (cualquier cosa con tal de volver a la biblioteca cuanto antes) y por eso la tengo en el bote. A mí me importa bien poco. Porque estoy frenéticamente enamorado de sus manos. Deseo focalizado. 

(Escuchando: Morrissey - Staircase at the university)