9/2/15

jetta la asombrosa

—Le faltarán, al menos, un par de centímetros para alcanzar la barra del trapecio. 
—De eso se trata. Déjeme explicárselo. 
Jetta la Asombrosa era efectivamente bajita. No obstante, llevaba siempre un arma con la que demostrar la inmortalidad connatural al vampirismo que había contraído siglos atrás. Un accidente fatal en la pista vendía. Las funciones siguientes eran un éxito. Para entonces ella ya estaba en otro circo aunque el anterior se beneficiaba de su tragedia durante algún tiempo. Estrellada, acuchillada, disparada e incendiada, atacada por las fieras. Así se ganaba el sanguíneo sustento. Después de cotizar durante 742 años podría haberse jubilado cuando hubiera querido, pero aquello de las muertes le devolvía cierta vidilla. 

(Escuchando: Mastodon - Black tongue)

2/2/15

un día perfecto

No creo que pueda pedirse mucho más para ser un lunes por la tarde. Después de salir de un trabajo al que no pienso volver me he pasado por el zoo para dar de comer a los animales, luego he estado con estos bebiendo sangría en el parque y cuando ha oscurecido he ido al cine. He llegado a una casa que ya no puedo pagar y he visto que mi novia ha terminado de llevarse sus cosas. Creo que voy a abrir una botella de vino mientras empiezo a fumar otra vez. Voy a tomarme un puñado de pastillas para dormir. Mañana va a ser un día duro. Nada que ver con hoy. 

(Escuchando: New Order - Isolation [live at Bestival 2012])

19/1/15

carrera por la supervivencia

¿Alguna vez te has sentido 
como si viajaras a través de una autopista de doce carriles
en un triciclo 
arrastrando un remolque lleno de tierra, 
el sol de frente y la sombra a tu espalda,  
con brillantes coches familiares, 
motos caras
y camiones de varios ejes
adelantándote por la derecha
y por la izquierda? 

Me alegro.
Yo tampoco. 

(Escuchando: Los Peyotes - Serial killer [El loco de la ruta]) 

13/1/15

el barco pirata de playmobil

Luego vinieron las malas notas. El comportamiento inapropiado. Los amigos poco recomendables, las vejaciones verbales y físicas a los compañeros de clase. Contestar mal a sus padres y agredirles llegado el momento. Sexo precoz carente de afecto. El abuso descontrolado de sustancias estupefacientes en coches robados conducidos a 200 kilómetros por hora a través de carreteras comarcales. Sin carné. Animales desmembrados, calcinados, parcialmente devorados y reducidos a viscosas masas de color escarlata. Violaciones. También a menores. Los asaltos a centros geriátricos y los atentados aleatorios en jugueterías. Personas sanas infectadas con enfermedades incurables en hospitales que tendrían que haber estado mejor vigilados. Asesinatos en masa. Caos. Miseria. Muerte y podredumbre. Un único jinete del Apocalipsis a lomos de la depravación más absoluta que haya conocido jamás la raza humana. Espoleada por la maldad ilimitada de una crueldad sin parangón. 

Antes de eso había venido un período en el que nadie habría reconocido al hombre que se convirtió en demonio y consumó su imperio del terror inmolándose sobre la azotea del Ministerio de Justicia. En el transcurso de aquellos 12 meses Alberto López cumplió 8 años. Ayudó a su madre. Acompañó a pescar a su padre. Bajó la basura. Hizo todos los ejercicios de matemáticas. Hasta los optativos. Lo que le valió una fama de empollón que los abusones del colegio no dejaron escapar. Recibió collejas, guantazos y escupitajos y tuvo una docena de motes denigrantes. Pero aguantó. Se concentró en su tarea, esquivó las zancadillas y fue cada jueves a visitar a sus abuelos. Y siguió aguantando. Aquella irreprochable conducta perseguía un único fin. Lo dejó escrito en la carta a los Reyes Magos cuando se completaba el ciclo inaugurado el Día de Reyes del año anterior. “Esta vez he sido bueno. He sido bueno de verdad. He sido bueno en todo momento y de todo corazón. Si alguna persona ha sido buena a lo largo de la historia, ése soy yo. Lo único que os pido a cambio es que estas navidades por fin me traigáis lo que os pido. El barco pirata de Playmobil.” 

La mañana de Reyes en que deberían haberle regalado el barco pirata de Playmobil, Alberto López se encontraba junto al árbol de Navidad y frente a una raquítica barquichuela que ni era de Playmobil ni era pirata ni era nada, gobernada por un marinero de plástico que parecía aquejado de cretinismo y con las rayas de su camiseta siguiendo un trazado diferente al de los surcos practicados en su torso para alojarlas. El chico sostenía una bola del árbol en su mano izquierda, ejerciendo tal presión sobre ella que la hizo estallar en minúsculos fragmentos. Mientras la sangre le corría por el brazo masculló entre sus dientes coléricamente apretados: “Os vais a reír de vuestra puta madre”. 

5/1/15

hacia un nuevo paradigma de familia nuclear

Sin saber por qué, le di un puñetazo a mi padre salpicando a mi madre con la sopa de almejas que estábamos cenando. Llevándose la servilleta a la nariz, de la que surgía un hilillo de sangre, mi padre dijo: 
—Hijo. 
Dijo: 
—Lo que acabas de hacer (tu madre estará conmigo) es bastante inapropiado. Me duele. No tanto a nivel físico como a nivel emocional. Pero si es ésta la forma en que has decidido afrontar la confusión propia de tu edad, sólo podemos apoyarte y bendecirte. 
Tener unos buenos padres es como que te toque la lotería. Y yo siempre fui el muchacho más afortunado del mundo.

22/12/14

rotura

Rotura de ligamentos emocionales. Desamor en el gimnasio. 

(Escuchando: Fatboy Slim - Love Island)