16/05/13

la mano sin gloria

El cabo Hopkins repartía las cartas con la izquierda. Contaban que se había amputado la otra por las atrocidades que había cometido con ella durante la guerra. Algunas noches le oíamos gritar. El síndrome del miembro fantasma, decían. Una de esas noches no podía dormir y salí a pasear alrededor de los barracones. Escuché un alarido escalofriante y distinguí a Hopkins frente a una hoguera. Estaba cortándose la mano derecha con su cuchillo Bowie. Cuando terminó, la tiró al fuego. Una mano que por la mañana no tenía. Juro que fue así. Le ví hacerlo varias veces más. Hasta que se internó en la selva y desapareció para siempre.
 
(Escuchando: Blur - Girls and boys)

09/05/13

los manzanos

Esa noche la tropa cenó compota. Fue la primera. Durante un mes entero estuvieron comiendo manzanas. Exclusivamente. De una u otra forma. Al capitán (muy dado a prácticas más o menos esotéricas) se le había metido en la cabeza que con esta dieta no podrían ser derrotados. Pero el día de la batalla murieron la mayor parte. Poco después, en el campo en el que se había librado el combate empezaron a crecer cientos de manzanos. Y no han parado de hacerlo hasta el día de hoy. Esto, que puede resultar bonito y poético, a las viudas de los caídos sigue pareciéndoles una broma terriblemente pesada.
 
(Escuchando: Black Rebel Motorcycle Club - Some kind of ghost)

06/05/13

lg

Laura Góngora era tan rápida y se movía tan deprisa, que ya había pasado por 23 personalidades distintas. Dejándolas a todas atrás.

(Escuchando: Micah P. Hinson - The Fire Came Up To My Knees)

02/05/13

beastie boys

Mocoso va a aparecer disfrazado de vendedora de manzanas en la entrada principal. Mike el Cuchillo espera en la otra puerta repartiendo publicidad. Dentro del mercado, Johnny Problemas sigue de cerca a la señora Mapplethorpe. Cuando la anciana termine de comprar y atraviese cualquiera de las dos salidas, se la van a llevar en una furgoneta a las afueras de la ciudad. Allí les espera Iván el Loco, un desquiciado ex militar soviético. Si Mapplethorpe vuelve a mentirles, si la receta de su bizcocho casero es falsa otra vez, él sabrá cómo hacer que hable. Nadie puede resistirse a las cosquillas de ese jodido ruso.
 
(Escuchando: Leonard Cohen - Amen)

29/04/13

la forma de las cosas que están por venir

Víctor M. empezó su carrera como escritor por donde muchos otros escritores terminan la suya: redactando sus memorias. Con 29 años no tenía en realidad demasiado que contar, y eso, claro, es un problema importante cuando quieres escribir tus memorias. A él le traía sin cuidado, porque lo que estaba tomando forma en su cabeza no eran unas memorias al uso. Eran unas memorias futuras. Una relación de recuerdos todavía inexistentes. Como no tenía ni idea de cuáles podían ser, se los inventó. Conociéndose más o menos bien y tratando de ser realista (y optimista, a pesar de todo), escribió varios cientos de páginas en las que intentó imaginar cómo iba a ser el resto de su vida. Para su sorpresa, descubrió un panorama ciertamente sugestivo repleto de curiosas revelaciones.
 
Aunque no albergaba demasiadas esperanzas, envió el manuscrito a una editorial que (cosa rara) decidió publicarlo. Vendió unos pocos ejemplares, y luego vendió algunos más. Hasta que sus contramemorias se convirtieron en un éxito. Un éxito descomunal. Esto trajo consigo extrañas consecuencias que se manifestaron a los pocos meses. En el libro se hablaba de un viaje que iba a hacer a Cracovia. Como ya lo tenía planeado, siguió adelante con su programa y se marchó unos días a la capital de la llamada Pequeña Polonia. Lo que se encontró allí no entraba dentro de sus planes. Cientos de personas le buscaban por las calles, por las plazas, por los palacios. Era absurdo. No podían saber quién era. No podían reconocerle, no era tan famoso. Con la salvedad de que sí lo era. Y en la Basílica de Santa María, alguien le reconoció. Fue la última vez. A partir de este momento, nunca más volvería a saberse nada de Víctor M.
 
Los seguidores de su obra le esperaron en el café donde iba a conocer a su mujer, hicieron guardia ante el hospital donde iban a nacer sus hijos y fueron al cementerio donde iba a ser enterrado. En vano. Si había cambiado de aspecto, si estaba escondido, si había muerto; nadie pudo asegurarlo jamás. Entre todos aquellos fanáticos, moviéndose igual que los demás, yendo a los mismos sitios, un hombre habría llamado la atención de unos ojos atentos. Pues parecía más interesado en seguir con su propia vida que en seguir la vida de Víctor M.
 
Este relato quedó finalista en el I Concurso de Microrrelatos ELACT.
 
(Escuchando: Portishead - The Rip)

25/04/13

tenía los ojos bonitos

Tenía los ojos bonitos cuando se despertaba,
pero empezaban a perder algo en cuanto se levantaba.
Conforme iba avanzando el día,
lo de los ojos se le pasaba.
 
(Escuchando: Kyuss - One inch man)