3/11/16

es sólo literatura, titi

Eso que escribí. Eso que dices que es tan bueno ─es verdad, no está mal─ es sólo literatura. O esa otra cosa, lo del pelo. Anduve fino ahí, tienes razón. A la gente le gustó. Eso del pelo también es literatura. Aquello y todo lo demás. Literatura. Quedó hermoso, empleé bastante tiempo en dar con las palabras adecuadas, en invocar imágenes bellas, juegos de palabras sugerentes que hablaban de cosas que nunca sucedieron. Literatura. Esto es malo. Intenta ser literatura pero no lo es. Es peor que una canción de Jesus and Mary Chain. Jesus and Mary Chain, te he hablado de ellos. Te he dicho que son el mejor grupo de la historia. No saben tocar, no tienen presencia, ni carisma. Con pinta de toxicómanos y muy deprimidos siempre. Son lo mejor que le ha podido pasar al planeta Tierra. Sus letras son espantosas. Absolutamente cojonudos. Tienen una canción los Jesus que se llama Good for my soul. No la soporto, me encanta, de veras. Good for my soul. Es imposible ser más ridículo con sólo cuatro palabras. Es imposible ser más brillante. Tienes que escucharla. Esa canción habla de mí. Habla de ti. Esa canción, en líneas generales, habla del bien que le haces a mi alma.

1/11/16

tío

Oye,
qué bien hemos venido en el autobús tú y yo, ¿eh?
Tantas horas por delante los dos,
tanta preocupación,
tanto problema,
tanta obsesión.
El viaje que podías haberme dado
y lo agradable que ha terminado siendo
tu compañía.
Todo lo que me has contado,
menudas ideas más suculentas,
vaya conexiones electrizantes.
¿Qué pasará cuando te quedes solo,
cuando se termine el dinero,
cuando te despedacen el corazón
(ya falta poco)
y te desangres por dentro?
¿Qué cuando todos los demás estén
donde querían estar
y tú sigas perdido?
(¿Son felices de verdad?
¿Son tan felices como parece desde aquí?)
Si tú y yo nos llevamos entonces
como nos hemos llevado esta tarde,
te lo aseguro, amigo mío,
todo eso de lo que hablas,
toda esa gente,
no va a importar una mierda.
Si tú y yo nos llevamos
como nos hemos llevado esta tarde,
joder,
se me ponen los pelos de punta
pensando en las cosas
de las que vamos a ser capaces
tú y yo. 
Confía en mí, tío.
Tú sólo confía.

11/9/16

bendito

Borracho que anoche en el Dcode, mientras esperaba mi turno frente a un servicio portátil, saliste corriendo de él mirando a tu espalda con el gesto de espanto más puro que yo haya visto jamás reflejado en un rostro, te acercaste a mí, ya sí, con ojos vidriosos y sonrisa alcohólica para confiarme: «Que no, ¿eh? Que es una broma, que no hay nada», cuando las cosas se pongan jodidas de verdad (y créeme hermano, se van a poner) pienso acordarme mucho de ti y de tu magia.

4/8/16

esos buitres retorcidos

Estaban en el funeral de Jesucristo,
en el de Juana de Arco
y ahí estarán
el día que tú te vayas.
Festín de carroñeros
miserables hijos de puta,
llegan desde ninguna parte
excitados por el olor
de la sangre cansada.
Calvas sus cabezas,
encorvados los cuellos,
lanzan sus garras
arañando el oro
y produciendo un chirrido tan espantoso
que hasta los muertos pueden oírlo.
¿Para qué quieres ya ese dinero,
viejo despreciable?
La hora se acerca también para ti
y no hay riqueza en la tierra que pueda devolverte
al momento previo
en que empezaste a encadenar un error tras otro
y tu vida se transformó
en el error más irreparable de todos.
Esos buitres retorcidos
no me pillarán con la guardia baja,
oh, no señor,
claro que no.
Antes verán arder mi casa
y todo lo mío en manos de los pobres.
Sabré qué hacer
cuando alcen el vuelo
y comiencen a trazar círculos
a mi alrededor.
Es sólo cuestión de tiempo
que ocurra.

28/7/16

merca donna

Cristo bendito,
anoche casi me caigo de la cama
cuando comprendí que no voy a volver a verte.
Ya sabes cómo funciona esto,
te marchas a vivir a otra parte
y las probabilidades
de atravesar la ciudad
para comprar
pan de molde
o salchichas
o insecticida
no resultan muy altas.
Soy bastante malo en eso,
pero creo que,
al menos una vez,
un día por lo menos,
intentaste algo.
Sí, me parece que lo hiciste,
aunque de todas maneras yo no tenía un buen día
(es algo frecuente que no lo tenga)
y, tía, en serio, créeme,
no habría funcionado;
nunca funciona.
Puede que dentro de dos
o tres
meses
te preguntes qué ha sido de mí,
puede que te preguntes qué estoy haciendo;
bien,
créeme también en esto: no gran cosa,
después de tanto tiempo
viéndome comprar
el pan de molde,
las salchichas
y el insecticida
más baratos
habrás sacado tus propias conclusiones.
Si dentro de dos
o tres
meses
te preguntas dónde estoy,
quiero que sepas que estoy aquí,
que no he ido muy lejos,
que vamos a continuar respirando
el mismo aire venenoso
y nuestra basura seguirá mezclándose
en el vertedero habitual.
Así va a ser
durante algún tiempo más.

8/7/16

esperanza

En serio, tengo que irme ya, 
es muy tarde,
mañana trabajo
y tengo que cuidar de mi padre. 
Venga, no seas así.
Sólo una. 
No puedo, 
de verdad.
De verdad que no. 
Y alguien está añadiendo vetas blancas 
a la mesa de mármol negro.   
Una para mí, otra para ti, otra para él, otra para ella.
Debería haberme marchado a casa hace una hora. 
Joder, déjalo ya. 
Sí, vale de dar el coñazo. 
Pasa media hora más hasta que decide acompañarnos
y sus ojos se humedecen 
y dice que esto no está bien, 
se lleva una mano a la nariz
y dice que ahora sí, que se va,
en cuanto se le pase se va. 
Con qué cara voy a ir a trabajar
y con qué cara voy a mirar a mi padre. 
Esperanza es la última que se pierde, 
pero al final siempre se pierde 
igual que nos perdemos todos.
Porque total, 
qué más da 
si mañana nos despertamos muertos
o nos entregan las llaves de la ciudad en un acto solemne y multitudinario.
Qué importancia tiene de todas formas. 

29/6/16

un juego

Una chica muy joven, apenas una niña, se te acerca en una calle concurrida. Tiene aspecto de estar en segundo de Derecho y de acabar de perder la virginidad. Lleva una carpeta con el símbolo de una ONG, una cualquiera, en realidad no importa. 
—¡Hola! —sonriendo como si de su sonrisa dependiera el perdón de un pelotón de fusilamiento. 
—¿Has oído hablar de nosotr
—Shhh… —pones la yema tu dedo índice sobre sus labios. Tomas su brazo suavemente. Le susurras al oído: 
—No pierdas tu tiempo con alguien al que le quedan dos semanas de vida. 
Acaricias su mejilla con el dorso de la mano. Caminas cuatro metros, te giras, le guiñas un ojo y sonríes como si de tu sonrisa dependiera un cargamento de víveres en mitad de una guerra. Continúas tu paseo.