11/8/14

círculo social ártico

Patricia tiene una amiga 
con la que harías buenas migas. 
No está mal.
Estudió Trabajo Social. 
Una tía simpática, alegre y muy inteligente. 
Le gusta ayudar a la gente. 
Patricia y yo creemos que te conviene, 
ya es hora de que te olvides de Irene. 
Vale, puede que no sea una belleza, 
pero ha llegado el momento de que sientes la cabeza.
Bueno, no es una amiga, es su hermana, 
me la presentó este fin de semana.
¿Te imaginas a los cuatro
yendo a la bolera un rato, 
luego a cenar una pizza
y a ver una peli de risa?
Entiendo que quieras salir y conocer a otras personas
beber, gastar bromas,
hablar con extranjeros y practicar nuevos idiomas,
yo pasé por la misma etapa
y no pretendo darte la chapa, 
sabes que somos amigos, 
puedes contar conmigo,
sólo quiero hacerte ver
que necesitas una mujer. 
Una mujer de verdad, una que sea buena
no como aquella eslovena
o la otra, la chilena,
que de todas las que te buscas ninguna merece la pena.
¿Organizamos pues la cita con la hermana de Patricia?
Hazme caso, de verdad, la chica es una delicia. 
Hasta le hemos pasado poemas de esos que te gusta a ti escribir,
a ver si se iba a pensar ahora que eres un hazmerreír. 
No los ha entendido bien, porque no es muy de leer,
lo que sí que nos ha dicho es que te quiere conocer. 
¿Tú qué opinas? ¿La llamamos?
¿Hola? 
¿Estás ahí? 

(Escuchando: Arctic Monkeys - Snap Out of It) 

4/8/14

el curioso caso de luis lópez

Una colisión a menos de diez kilómetros por hora en un cruce. Luis López se distrajo abandonándose a cualquier cavilación, algo que le pareció bastante relevante en ese momento y en lo que no volvería a pensar nunca más, no tuvo tiempo de frenar y le dio por detrás a un Dacia Sandero. A menos de 10 kilómetros por hora. Chocar contra un Sandero a esa velocidad no es nada del otro jueves. Aunque es suficiente para sufrir una sacudida que te mantenga despejado durante el resto del día. En el caso de Luis López (hay quien la tiene más fijada y quien menos) también fue suficiente para que su alma se descolgase de su cuerpo. 

Al principio no se dio cuenta. Y en realidad lo que quiera que pasase aquel día fue siempre un misterio para él. Lo único que sabía es que a partir del accidente, cuando estaba durante mucho rato de pie le entraba como angustia. Una pesadumbre rara. Tal que si se le cayera el alma a los pies. Eso era, naturalmente. Que de verdad se le caía. Sentado estaba algo mejor, pero no terminaba de notarse él mismo hasta que no se acostaba. Reírse era buena cosa, porque además de los múltiples beneficios que tan saludable práctica trae consigo, el espíritu se le iba encaramando a golpe de diafragma. Los estornudos, por el contrario, impulsaban su ánimo hacia el fondo. Al toser podía pasar lo uno, lo otro, o todo al mismo tiempo. Menuda experiencia. 

Con el alma suelta dentro de su organismo, López hacía lo posible por redactar guiones decentes que presentaba a concursos. Era una forma de darse a conocer y conseguir medrar en el audiovisual. Por el momento no había tenido mucha suerte. Ni en el certamen de monólogos de Nerja ni en el Roa Cinero de Paraguay. Ni en el concurso de guiones de documental Región de Murcia ni en el  cortometrajes de Archidona. En su nuevo estado le costaba horrores dar con una buena historia porque la inspiración enseguida se le escurría a los tobillos. Desmotivado, salía a correr o se hacía unos largos en la piscina municipal. Le sentaba muy bien. Lo de la piscina lo que más. De manera que empezó a pasar tiempo y tiempo braceando entre jubilados y echando carreras a los parados del polideportivo y cada vez menos escribiendo. 

Hasta tal punto se metió en lo del deportismo, que superados los treinta y sin haber ejercitado nunca más músculo que los flexores de los dedos para mesarse las barbas cuando pensaba en algo que escribir, se puso a ganar campeonatos de natación, triatlones, pentatlones, mediamaratones y maratones enteras como un descosido. En el agua sentía sus fuerzas renovarse. Corriendo se ponía de un melancólico que para qué, pero las piernas le funcionaban como si estuvieran poseídas por algún ente sobrevitaminado. Cuando la esencia de cada cual converge en un mismo punto se producen fenómenos extraordinarios. No es que fuera el sueño de su vida, pero mira, algo por fin se le estaba dando bien y tampoco era plan de desaprovecharlo. Si en vez de por ahí le hubiera dado por ponerse delante del ordenador cabeza abajo, los guiones le habrían salido estupendos y del tirón. Pero, claro. Primero se te tiene que ocurrir hacerlo. Que ya es ocurrencia. Y luego está lo de llenar entre 90 y 120 páginas en Courier 12 con su formato y todo en posición invertida. Que muy cómodo no tiene que ser. Nada. Mucho mejor lo de hacerse atleta y contar con el patrocinio de GAES Centros Auditivos. O no. No sé. 

(Escuchando: Genitorturers - 2 faced traitor)

31/7/14

tres magias

Creo que estaría bien
que viniéramos al mundo
con
al menos
tres magias,
como en los videojuegos clásicos.
Creo que estaría bien
que cuando las cosas van mal
pudiéramos utilizarlas.
Hay veces en que me gustaría tener tres magias,
activarlas levantando el brazo
y soltarlas todas
a la vez.

22/7/14

carcoma



La carcoma creó con sus perforaciones un pequeño smiley en la librería del salón. Jamás volví a aquella casa. 

(Escuchando: Lisabö - Narrazti gizakiaren sehaska kanta)

14/7/14

grandes momentos de la historia del videoclip: mark lanegan - the gravedigger's song


Dirigido por Alistair Legrand

(Escuchando: Mark Lanegan - Riot in my house)

cuando se podía fumar en los supermercados

Algo que no pasó. Algo que no sea tan disparatado como para que resulte inconcebible que pasara pero que en realidad no pasó. Algo que pudiera, por qué no, mantenerse agazapado en una grieta profunda y oscura del cerebro de una persona. Algo que no tenga una carga emocional reseñable de la que se hubiera servido esa vivencia para anclarse en el hipocampo (en realidad, estudios recientes localizan la memoria a largo plazo en la corteza motora). Algo neutro. Plausible. Algo parecido a esto: 
—Joder. Eso es como cuando se podía fumar en los supermercados. 
—¡Es verdad! Dios. Fumar en los supermercados. 
—Jajaja… ¿Cómo? ¿Cuándo se ha podido fumar en los supermercados? 
—No sé. Cuando se podía fumar en todas partes. Yo me acuerdo de ir al pediatra y estar el tío fumándose un cigarro. 
—Ya, pero en los supermercados nunca se ha podido fumar.  
—Que sí, mujer. Si había ceniceros. Lo recuerdo perfectamente. 
—Os estáis quedando conmigo, ¿verdad? 
—Tú eres la que se está quedando con nosotros. Pregúntaselo a cualquiera. Pregúntaselo a tus padres. 
—No voy a preguntarles a mis padres esa chorrada. Igual en Estados Unidos se podía fumar pero aquí nunca se ha podido fumar en los supermercados. 
—Bueno, como quieras. Entonces nos lo acabamos de inventar, ¿no?
—Claro. 
—Vale. Lo que tú digas. 
—¿Pero cómo es posible que no te acuerdes?
—Nada, nada. Déjala. ¿Quién quiere otra?
—Yo mismo.
—Anda, pide tres. 
Si dos o más individuos se asocian para elaborar esa fantasía y lo hacen bien, introducen el falso recuerdo con las precauciones oportunas y cambian de tema en el momento preciso sin darle mayor importancia, crearán en la persona engañada una incertidumbre que puede transportarla a un delicioso universo de recuerdos alternativos. La persona engañada (en caso de que el experimento se haya hecho con el sujeto adecuado, y así es como tiene que hacerse) buscará información al respecto a través de diferentes vías. Siendo un hecho insignificante como el ejemplificado arriba, no encontrará gran cosa y lo dejará correr, pero existe la posibilidad de que un amigo le diga: “Sí, claro que se podía fumar en los supermercados”. La persona engañada habrá activado, sin saberlo, el falso recuerdo en un nuevo sujeto. La persona engañada es aquí doblemente engañada mientras, a su vez, ella misma está engañando a la otra parte de alguna forma. Implantado todo esto de manera apropiada y con un poco de suerte, es de esperar que al cabo de un tiempo aparezca alguien que trate de convencerte de que antes se podía fumar en los supermercados. Que si no te acuerdas. Porque él sí. Él se acuerda perfectamente de los ceniceros. Entonces, tus cómplices y tú, los legítimos artífices del mito, lo habréis conseguido. 

(Escuchando: Blur - Oilywater)

7/7/14

un acceso de filantropía me sorprendió en la panadería

La chica que me vende el pan 
es nueva. 
Lo noto enseguida. 
Aunque sólo fuese 
porque está más nerviosa que yo,
lo habría notado. 
A este lado del mostrador 
siempre estamos más nerviosos.
Cuando me da las vueltas
le digo:
“gracias”,
y con un gesto que he ensayado
mentalmente 
le digo: 
“ánimo”,
porque me parece apropiado. 
Escucha mis gracias,
pero mi gesto y mi ánimo y mi apoyo
van a dar contra las barras del fondo.
Ella ya no está escuchando
y habla con otro cliente.
Esta tarde 
alguien comprará una baguete
alentada
con unos ánimos
que 
(ahora me doy cuenta)
necesitaba para mí.

(Escuchando: Pixies - Magdalena 318)