4/4/16

«quédate en casa el último día de clase»

«¿Dónde está María? ¿La habéis visto?» No se sabe bien a qué se dedica María L. durante la media hora que dura el recreo. «Está haciendo el trabajo de fin de curso.» Ningún profesor les ha dicho que tengan que hacer un trabajo de fin de curso. Los profesores no tienen ni idea del asunto y piensan que es una broma. Más tarde, ya de noche, solos en sus despachos, pueden acordarse del tema en algún momento diciéndose que la niña de las rodillas raspadas y los ojos con pupilas como pupilas de animal tal vez haya cambiado. Los alumnos por su parte suponen que debe ser una especie de castigo que María tiene que cumplir. «Voy a seguir con mi trabajo de fin de curso», dice ella todos los días. Ninguno quiere molestarla con eso. 

El año pasado María dejó el colegio. Porque era caro, no aprendía nada y ya le estaban fastidiando. Eso podría haber funcionado si María hubiese cumplido los 16, pero todavía tiene diez años. En cualquier caso, consiguió mantenerse fuera durante unas cuantas semanas, y a lo largo de esas semanas parece que estuvo aprendiendo cosas por su cuenta. Cuando la obligaron a volver su mochila pesaba más de lo normal y el trabajo de fin de curso se había convertido en una prioridad. Una manera de demostrar sus nuevos conocimientos al margen de las instituciones. Lo natural sería que María se encerrara en la biblioteca, pero en realidad no la necesita en absoluto. Ya no. Si alguien le preguntase María contestaría: «He hecho ahí todo lo que tenía que hacer.» También sonreiría porque acaba de descubrir que una sonrisa bien empleada es más útil que una navaja suiza con conexión a internet. Pero nadie le ha preguntado. 

Si alguien la siguiese —algo difícil porque María ha aprendido a tomar precauciones— y dibujase sobre un plano sus movimientos se sorprendería contemplando dibujos extraños. Formas reconocibles aunque sin interpretación aparente. Invocaciones, quién podría asegurarlo. De seguirla alguien, recorrería tras ella las galerías inferiores del colegio. El gimnasio, el aula de tecnología, la sala de calderas. Si alguien lo hiciera inevitablemente escucharía el sonido de algo metálico golpeando suave e insistentemente el hormigón. Un pequeño martillo carcomiendo durante meses los pilares de sujeción del edificio. Un salmo remoto convertido en melodioso susurro infantil. En el improbable caso de que fuese sorprendida, María se retiraría un mechón de la cara y respondería sin apartar la vista de su trabajo: «No deberías estar aquí. Ninguno de los dos deberíamos estar aquí.» Y ya sería demasiado tarde para impedir nada, porque María ha avanzado mucho en su tarea últimamente.

7/3/16

verbo inc.

Serán sólo cien palabras convenientemente seleccionadas, lo hemos hecho infinidad de veces antes. No se preocupe, es una técnica indolora, una intervención magnética transcraneana en la que no es necesario abrir para acceder a su cerebro. Después de eso, un par de días de reposo para que los conceptos se asienten de la mejor manera posible y establezcan una conexión sólida entre ellos. Naturalmente sería un proceso mucho más laborioso en caso de que quisiera hacer carrera en el mundo del periodismo serio o escribir una novela aceptable, pero, créame, si lo que pretende es presentarse como candidato con esto tiene de sobra.

16/11/15

los duelistas

Vuelven a dejarlos debajo de sus camas después de desearse buenas noches a través de la galería que separa los departamentos de uno y otro. Ambos fusiles descansan ahora bajo sus respectivos propietarios hasta mañana a la misma hora. Fueron un regalo de Lord Cavendish. Cuando él y Lady Cavendish fallecieron en un desafortunado accidente, los hermanos Edward y Alexander Cavendish se convirtieron en únicos habitantes de la casa familiar. Han pasado 60 años de eso y siguen odiándose a muerte. De hecho intentan matarse cada noche. Pero si de su madre heredaron unos modales exquisitos, su padre les legó una no menos portentosa falta de puntería.

26/10/15

cristiano ronaldo


Visto en una tienda Orange cualquiera. Imagen promocional de Cristiano Ronaldo celebrando un gol. Cristiano, yo no sé si hacía falta llegar a esto. Me parece que no. Los de Orange también, joder. Mira que había fotos.


Cristiano Ronaldo. La figura de cera de la figura de cera de Cristiano Ronaldo. 

(Escuchando: Eagles of Death Metal - Complexity)

13/10/15

área de esparcimiento interna

Víctor se reclina en su silla,
pasa una pierna sobre la otra,
coloca un cigarrillo entre sus labios 
y lo enciende. 
Entorna los ojos con la primera calada
y como siempre,
se imagina 
ofreciendo ruedas de prensa. 
Gesticula con afectación 
mientras responde a los periodistas de su mente. 
«Pasé por momentos difíciles,
pero en ningún momento dudé de que al final lo conseguiría», 
musita. 
«Tirar la toalla nunca fue una opción».
El Víctor que da entrevistas
ya no es el Víctor que daba entrevistas
cuando Víctor tenía veinte años.
Ni es el Víctor que daba entrevistas
cuando Víctor tenía treinta. 
El Víctor que daba entrevistas
cuando Víctor tenía veinte años
es el Víctor actual, 
con la salvedad de que el Víctor actual no da entrevistas. 
El Víctor que da entrevistas ahora
es prácticamente un anciano. 
Víctor se toma su tiempo. 
Le queda cada vez menos. 

(Escuchando: Faith no more - Separation anxiety)

5/10/15

el último dependiente de videoclub de la provincia de ávila

El autobús que traslada al último dependiente de videoclub 
de la provincia de Ávila
avanza sobre el firmamento de cristalitos incrustados 
en el oscuro asfalto 
que centellean bajo el sol. 
Un séquito de pájaros
sobrevuela la carretera ofreciendo una hermosa exhibición aérea
que el paleto observa melancólico a través de la ventanilla
al tiempo que un senegalés que recoge espárragos
levanta la cabeza haciendo visera con la mano 
y contempla el paso del convoy, 
sospechando
quizá,
que está siendo testigo de algo que se acaba, 
que allí va un sujeto en vías de extinción.
Movido por un extraño impulso 
echa a correr hacia el vehículo agitando sus brazos,
tan grande es la emoción que le ha invadido de pronto. 
El último dependiente de videoclub de la provincia de Ávila
atraviesa la yerma meseta castellana
y siempre quiso estudiar bellas artes,
pues empleó buena parte de su niñez 
copiando los dibujos de la Biblia ilustrada que le regalaron 
el día de su primera comunión,
pero el peso de varias generaciones de artesanos del vídeo
se interpuso en su camino.
Viaja el buen dependiente a la capital 
en busca de ideas para reflotar el negocio, 
depositario de una tradición familiar que se remonta 
a la aparición de Robocop en VHS.
No habrá llamada para confirmar la llegada. 
El anciano padre, 
el hombre que le enseñó todo lo que hay que saber sobre el rebobinado,
recibirá en cambio el aviso de la Guardia Civil 
notificándole que, 
a pesar de los intentos de un inmigrante que se encontraba en la zona
por impedir lo inevitable, 
el autocar que transportaba 
al último dependiente de videoclub de la provincia de Ávila
se ha precipitado por un barranco. 
El conductor cuadruplicaba la tasa de alcoholemia. 

(Escuchando: :Wumpscut: - Gabi Grausam)