8/12/14

el estudiante de filosofía y la chica de oregón

Había escrito cien veces: te quiero, había incluido su nombre y el de ella y había distribuido las octavillas por la universidad para que la gente supiera que estaban juntos. Menuda suerte, le decían. Vaya chico más atento. Todas muertas de envidia. ¿Aquí siempre son así?, preguntaba ella. Qué va. Son unos brutos. Menuda suerte. Menuda suerte has tenido. Sí, hehe, contestaba con acento de la Costa Oeste. Menuda suerte. Tan puro era el amor del estudiante de filosofía por la chica de Oregón. Demasiado pensamiento, mucha palabra, casi ninguna obra y una omisión que le estaba llevando a la pobre a subirse por las paredes. 

(Escuchando: Interpol - Everything is wrong)