9/11/12

recreativos arcade

—A la cola, como todo el mundo —le espetó un chaval con la cara llena de granos. Bien, no tenía intención de colarse. Sólo quería asegurarse de que era Íñigo Protomártir el que estaba al final de la fila. Derrotando uno por uno a todos los que se atrevían a jugar contra él al Street Kombat. Igual que había hecho con sus hermanos. Pero ella llevaba tiempo entrenando. Y, a diferencia de sus hermanos, conocía todos los trucos. Como buena experta, sabía que la victoria dependía de un sutil movimiento de mano. Un toquecito desestabilizador. Dirigido a su entrepierna.
 
(Escuchando: Soundgarden - Hand of God)

2 comentarios:

Carlos de la Parra dijo...

De un realismo absoluto se muestra ésta historia acerca de lo fácil que resulta a la dama manejar la debilidad carnal.
Como cucaracha con hilito hace a cualquiera.
Ingresas sutilmente al clasicismo.

budoson dijo...

Joder. El clasicismo nada menos. Hombre, yo te lo agradezco pero me parece un poco pronto para esto. Que a lo mejor no te he entendido bien, ¿eh?