8/2/12

liebherr, ¿en qué puedo ayudarle?

-Y castiga sin postre al gigante. A ver si así aprende a no romperle la pata al unicornio de los vecinos.
-Sólo estaban jugando…
-Ya. Como con el centauro del parque el otro día, ¿no?
-Empezó él.
-Empezó él, empezó él… ¿Has hecho lo que te dije ayer?
-¡Pero mamá!
-Nada. Mira, quedamos en que si te comprábamos un gigante, tú te encargarías de su mantenimiento. Así que ahora vete a cambiarle la arena de una vez.

(Escuchando: El Columpio Asesino - Gaviotas perdidas en el centro del mar)

1 comentario:

carlos de la parra dijo...

Esperemos no sigan tantos antagonismos en otras posibles dimensiones; pues de ser así,¿Qué caso tiene trasladarnos a ellas?
Leo ésto precisamente hoy que he estado meditando acerca de qué tan sano puede resultar vivir aislado cuando el contacto social continuamente nos regresa insatisfacción e inquietud, opuesto a la paz de la soledad y el aislamiento de confinarse al propio hogar.
De una forma u otra parece cierta la teoría hindú de que todo es ilusorio. Aún nosotros mismos; pasamos por el mundo igual que la niebla o el vapor, y en siglos no se ha visto la presencia de la paz mundial. A pesar de tanta hablada.