11/8/14

círculo social ártico

Patricia tiene una amiga 
con la que harías buenas migas. 
No está mal.
Estudió Trabajo Social. 
Una tía simpática, alegre y muy inteligente. 
Le gusta ayudar a la gente. 
Patricia y yo creemos que te conviene, 
ya es hora de que te olvides de Irene. 
Vale, puede que no sea una belleza, 
pero ha llegado el momento de que sientes la cabeza.
Bueno, no es una amiga, es su hermana, 
me la presentó este fin de semana.
¿Te imaginas a los cuatro
yendo a la bolera un rato, 
luego a cenar una pizza
y a ver una peli de risa?
Entiendo que quieras salir y conocer a otras personas
beber, gastar bromas,
hablar con extranjeros y practicar nuevos idiomas,
yo pasé por la misma etapa
y no pretendo darte la chapa, 
sabes que somos amigos, 
puedes contar conmigo,
sólo quiero hacerte ver
que necesitas una mujer. 
Una mujer de verdad, una que sea buena
no como aquella eslovena
o la otra, la chilena,
que de todas las que te buscas ninguna merece la pena.
¿Organizamos pues la cita con la hermana de Patricia?
Hazme caso, de verdad, la chica es una delicia. 
Hasta le hemos pasado poemas de esos que te gusta a ti escribir,
a ver si se iba a pensar ahora que eres un hazmerreír. 
No los ha entendido bien, porque no es muy de leer,
lo que sí que nos ha dicho es que te quiere conocer. 
¿Tú qué opinas? ¿La llamamos?
¿Hola? 
¿Estás ahí? 

(Escuchando: Arctic Monkeys - Snap Out of It) 

4/8/14

el curioso caso de luis lópez

Una colisión a menos de diez kilómetros por hora en un cruce. Luis López se distrajo abandonándose a cualquier cavilación, algo que le pareció bastante relevante en ese momento y en lo que no volvería a pensar nunca más, no tuvo tiempo de frenar y le dio por detrás a un Dacia Sandero. A menos de 10 kilómetros por hora. Chocar contra un Sandero a esa velocidad no es nada del otro jueves. Aunque es suficiente para sufrir una sacudida que te mantenga despejado durante el resto del día. En el caso de Luis López (hay quien la tiene más fijada y quien menos) también fue suficiente para que su alma se descolgase de su cuerpo. 

Al principio no se dio cuenta. Y en realidad lo que quiera que pasase aquel día fue siempre un misterio para él. Lo único que sabía es que a partir del accidente, cuando estaba durante mucho rato de pie le entraba como angustia. Una pesadumbre rara. Tal que si se le cayera el alma a los pies. Eso era, naturalmente. Que de verdad se le caía. Sentado estaba algo mejor, pero no terminaba de notarse él mismo hasta que no se acostaba. Reírse era buena cosa, porque además de los múltiples beneficios que tan saludable práctica trae consigo, el espíritu se le iba encaramando a golpe de diafragma. Los estornudos, por el contrario, impulsaban su ánimo hacia el fondo. Al toser podía pasar lo uno, lo otro, o todo al mismo tiempo. Menuda experiencia. 

Con el alma suelta dentro de su organismo, López hacía lo posible por redactar guiones decentes que presentaba a concursos. Era una forma de darse a conocer y conseguir medrar en el audiovisual. Por el momento no había tenido mucha suerte. Ni en el certamen de monólogos de Nerja ni en el Roa Cinero de Paraguay. Ni en el concurso de guiones de documental Región de Murcia ni en el  cortometrajes de Archidona. En su nuevo estado le costaba horrores dar con una buena historia porque la inspiración enseguida se le escurría a los tobillos. Desmotivado, salía a correr o se hacía unos largos en la piscina municipal. Le sentaba muy bien. Lo de la piscina lo que más. De manera que empezó a pasar tiempo y tiempo braceando entre jubilados y echando carreras a los parados del polideportivo y cada vez menos escribiendo. 

Hasta tal punto se metió en lo del deportismo, que superados los treinta y sin haber ejercitado nunca más músculo que los flexores de los dedos para mesarse las barbas cuando pensaba en algo que escribir, se puso a ganar campeonatos de natación, triatlones, pentatlones, mediamaratones y maratones enteras como un descosido. En el agua sentía sus fuerzas renovarse. Corriendo se ponía de un melancólico que para qué, pero las piernas le funcionaban como si estuvieran poseídas por algún ente sobrevitaminado. Cuando la esencia de cada cual converge en un mismo punto se producen fenómenos extraordinarios. No es que fuera el sueño de su vida, pero mira, algo por fin se le estaba dando bien y tampoco era plan de desaprovecharlo. Si en vez de por ahí le hubiera dado por ponerse delante del ordenador cabeza abajo, los guiones le habrían salido estupendos y del tirón. Pero, claro. Primero se te tiene que ocurrir hacerlo. Que ya es ocurrencia. Y luego está lo de llenar entre 90 y 120 páginas en Courier 12 con su formato y todo en posición invertida. Que muy cómodo no tiene que ser. Nada. Mucho mejor lo de hacerse atleta y contar con el patrocinio de GAES Centros Auditivos. O no. No sé. 

(Escuchando: Genitorturers - 2 faced traitor)

31/7/14

tres magias

Creo que estaría bien
que viniéramos al mundo
con
al menos
tres magias,
como en los videojuegos clásicos.
Creo que estaría bien
que cuando las cosas van mal
pudiéramos utilizarlas.
Hay veces en que me gustaría tener tres magias,
activarlas levantando el brazo
y soltarlas todas
a la vez.

22/7/14

carcoma



La carcoma creó con sus perforaciones un pequeño smiley en la librería del salón. Jamás volví a aquella casa. 

(Escuchando: Lisabö - Narrazti gizakiaren sehaska kanta)

14/7/14

grandes momentos de la historia del videoclip: mark lanegan - the gravedigger's song


Dirigido por Alistair Legrand

(Escuchando: Mark Lanegan - Riot in my house)

cuando se podía fumar en los supermercados

Algo que no pasó. Algo que no sea tan disparatado como para que resulte inconcebible que pasara pero que en realidad no pasó. Algo que pudiera, por qué no, mantenerse agazapado en una grieta profunda y oscura del cerebro de una persona. Algo que no tenga una carga emocional reseñable de la que se hubiera servido esa vivencia para anclarse en el hipocampo (en realidad, estudios recientes localizan la memoria a largo plazo en la corteza motora). Algo neutro. Plausible. Algo parecido a esto: 
—Joder. Eso es como cuando se podía fumar en los supermercados. 
—¡Es verdad! Dios. Fumar en los supermercados. 
—Jajaja… ¿Cómo? ¿Cuándo se ha podido fumar en los supermercados? 
—No sé. Cuando se podía fumar en todas partes. Yo me acuerdo de ir al pediatra y estar el tío fumándose un cigarro. 
—Ya, pero en los supermercados nunca se ha podido fumar.  
—Que sí, mujer. Si había ceniceros. Lo recuerdo perfectamente. 
—Os estáis quedando conmigo, ¿verdad? 
—Tú eres la que se está quedando con nosotros. Pregúntaselo a cualquiera. Pregúntaselo a tus padres. 
—No voy a preguntarles a mis padres esa chorrada. Igual en Estados Unidos se podía fumar pero aquí nunca se ha podido fumar en los supermercados. 
—Bueno, como quieras. Entonces nos lo acabamos de inventar, ¿no?
—Claro. 
—Vale. Lo que tú digas. 
—¿Pero cómo es posible que no te acuerdes?
—Nada, nada. Déjala. ¿Quién quiere otra?
—Yo mismo.
—Anda, pide tres. 
Si dos o más individuos se asocian para elaborar esa fantasía y lo hacen bien, introducen el falso recuerdo con las precauciones oportunas y cambian de tema en el momento preciso sin darle mayor importancia, crearán en la persona engañada una incertidumbre que puede transportarla a un delicioso universo de recuerdos alternativos. La persona engañada (en caso de que el experimento se haya hecho con el sujeto adecuado, y así es como tiene que hacerse) buscará información al respecto a través de diferentes vías. Siendo un hecho insignificante como el ejemplificado arriba, no encontrará gran cosa y lo dejará correr, pero existe la posibilidad de que un amigo le diga: “Sí, claro que se podía fumar en los supermercados”. La persona engañada habrá activado, sin saberlo, el falso recuerdo en un nuevo sujeto. La persona engañada es aquí doblemente engañada mientras, a su vez, ella misma está engañando a la otra parte de alguna forma. Implantado todo esto de manera apropiada y con un poco de suerte, es de esperar que al cabo de un tiempo aparezca alguien que trate de convencerte de que antes se podía fumar en los supermercados. Que si no te acuerdas. Porque él sí. Él se acuerda perfectamente de los ceniceros. Entonces, tus cómplices y tú, los legítimos artífices del mito, lo habréis conseguido. 

(Escuchando: Blur - Oilywater)

7/7/14

un acceso de filantropía me sorprendió en la panadería

La chica que me vende el pan 
es nueva. 
Lo noto enseguida. 
Aunque sólo fuese 
porque está más nerviosa que yo,
lo habría notado. 
A este lado del mostrador 
siempre estamos más nerviosos.
Cuando me da las vueltas
le digo:
“gracias”,
y con un gesto que he ensayado
mentalmente 
le digo: 
“ánimo”,
porque me parece apropiado. 
Escucha mis gracias,
pero mi gesto y mi ánimo y mi apoyo
van a dar contra las barras del fondo.
Ella ya no está escuchando
y habla con otro cliente.
Esta tarde 
alguien comprará una baguete
alentada
con unos ánimos
que 
(ahora me doy cuenta)
necesitaba para mí.

(Escuchando: Pixies - Magdalena 318)

2/7/14

arquiternura

Durante los años veinte del siglo pasado, surgió una corriente arquitectónica que, debido a las características de su planteamiento, llegó a conocerse como Arquiternura. Con ese nombre por lo menos fue traducida a nuestro idioma, aunque lo más probable es que se trate de una mala transcripción en favor del juego de palabras. A sus impulsores les traía al fresco esto de las taxonomías, sólo les importaba crear espacios lo más acondicionados posibles para solteros huérfanos, poetas sufrientes, primogénitos olvidados por sus familias numerosas y cualesquiera otros menesterosos afectivos. 

El modelo arquiternúrico proponía ambientes confortables y cálidos en los que el residente se sintiera amparado y bien. Edificaciones para el cuerpo y el espíritu. “La arquitectura será blanda y peluda”, le soltó Dalí a Le Corbusier una vez que el suizo se metió con Gaudí. La Arquiternura lo fue. Y ninguno de los tres llegó nunca a enterarse. Las paredes presentaban relieves acolchados forrados con terciopelo para apoyarse en los momentos de pesadumbre. La iluminación podía regularse en función del estado de ánimo, sirviéndose de bombillas de diversos colores que, con la ayuda de tabiques móviles profusamente decorados, convertían la estancia ora en un agradable jardín oriental, ora en un tranquilo café vienés. Los tejados se preparaban de manera que el viento, al pasar por las cavidades estratégicamente arregladas entre las cubiertas, armara graciosas melodías. Había patios interiores con gran variedad de flores y vegetales y había también ingenios mecánicos con formas animales que tenían propiedades autómatas. Desafortunadamente, viviendas semejantes suponían un desembolso que no estaba al alcance de todo el mundo. 

Este problema se solventó parcialmente con la participación de la administración pública, a pesar de lo cual el proyecto fue un contundente fracaso. La masa desatendida prefería refugiarse de sus insuficiencias sentimentales en prostíbulos, farmacias que dispensaran cocaína y salones de baile. Lo que terminó de una vez por todas con la Arquiternura fue el caso nunca aclarado del tal Hirschfeld, un tipo que estuvo viviendo durante al menos un año en el prototipo de apartamento más ambicioso de todos. A años luz de los demás. Uno que todavía estaba en fase de prueba. Se dice que existía una interacción sensorial tan completa entre ambos, que el infeliz terminó, de alguna manera que ningún psicoanalista supo explicar, enamorado de la casa. Se dice también, y aquí está lo terrible del asunto, que hubieron de demoler el inmueble para poner fin a una situación tan comprometida. Hirschfeld se negó a abandonarlo y permaneció encadenado a uno de sus pilares hasta el final. 

(Escuchando: Arctic Monkeys - Do I wanna know?)

30/6/14

las noticias de la carpeta con el símbolo de playboy: ojos que no ven


Tan prodigioso incidente tuvo lugar allá por enero del 2006. Lamentablemente, la alegría duró poco en la residencia de los Urch. 

(Escuchando: Jimi Hendrix - Purple Haze)

25/6/14

les impeccables

—Luego, si se fijan, acaban arrancando esa hilacha de su pantalón
Cincuenta agentes de la Europol de al menos una decena de países distintos examinaban la grabación que una cámara de seguridad había recogido del último crimen de Les Impeccables. Una pareja de asesinos que mataban tan refinadamente que nadie era capaz de averiguar cómo lo hacían. Después, vestían a sus víctimas con exquisitos trajes a medida. Les peinaban. Les maquillaban. Les perfumaban. Ya llevaban siete. Verdaderas obras de arte. 
—Observen la calidad del tejido, por favor. 
La pregunta llevaba meses en la cabeza de todos. Alguien, por fin, se atrevió a formularla: 
—¿Es absolutamente necesario perseguir una actividad tan hermosa? 

(Escuchando: Filter - Take a picture [radio edit])

23/6/14

feos

Mandábamos nuestras fotografías de cuerpo entero a agencias de modelos y recibíamos negativas sistemáticas. Constatábamos así lo que queríamos creer pero no nos atrevíamos a ratificar. Que éramos feos y podíamos dedicarnos a tareas menos sacrificadas. 

(Escuchando: Nine Inch Nails - All time low)

18/6/14

aunque si me lo pides supongo que puedo pensármelo

Creo que, 
de alguna forma, 
estoy enamorado de ti 
como nunca antes lo he estado 
de nadie,
pero preferiría 
pasar un fin de semana en la cuna de Judas
antes que salir contigo. 

(Escuchando: Filter - I'm not the only one)

11/6/14

lo frágil

Se ovilla sobre las baldosas frías y comienza a temblar. El presbítero ha perdido la fe durante su sermón. Ante cientos de feligreses. Una revelación puede funcionar en ambas direcciones. El sonido de las sirenas antiaéreas precede al de las bombas ahí fuera. La gente corre a esconderse en los refugios. No hay forma de hacer entrar en razón al pastor. Se quedará allí. Perecerá con el templo si es que está escrito. Su lugar es éste después de todo. La ciudad amanece devastada. A excepción de la iglesia, que se mantiene intacta. El hombre sigue dentro abrazado a sus rodillas. Un monumento al abandono de toda certeza. 

 (Escuchando: Herbert Weixelbaum - Enjoy The Silence)

4/6/14

ahora sé cómo se sintió kylie minogue cuando los bisturíes alcanzaron su nariz aguileña

No puedo sacarte de mi cabeza. 
He hablado con los SWAT para que te hagan salir, 
pero dicen que yo me lo he buscado. 
He escrito a los TEDAX para que vengan antes de que sea demasiado tarde,
pero me han contestado que no trabajan con tipos tan estúpidos
como para dejar que una mujer se aloje ahí dentro. 
Conozco a un dinamitero que está dispuesto a ayudar, 
así que guardo su tarjeta por si al final la necesito.
Mientras,
salgo pronto de trabajar
para pasar todo el tiempo que me queda libre no pensando en ti
(resulta complicado).   
Doy vueltas por la ciudad sin darle vueltas al hecho de que 
si fuese ese imbécil de allí
o aquel otro de allá, 
te enamorarías de mí
(es agotador). 
Y tú te revuelves y lanzas puñetazos y me das unas patadas tan fuertes
que, 
joder,
uno de estos días me vas a hacer llorar. 
La. La. La. La. La. La. La. La. 
La. La. La. La. La. La. La. La.
No puedo sacarte de mi cabeza. 
Repetir esta última parte cuatro veces. 

(Escuchando: The Smiths - Bigmouth Strikes Again) 

2/6/14

una plegaria extraterrestre

Mucho me temo que vienen a rescatarme
Antonio Hinojosa cruza lentamente la cocina en albornoz ante los atónitos ojos de su mujer y sus tres hijos, atraviesa la puerta que da al jardín y penetra en el cono de luz que se proyecta sobre el césped. Alguien le llama por su nombre. Lleva años rogando por que llegue este momento. Construyendo sin descanso pequeños dispositivos para poder enviar un mensaje más allá de las estrellas. Una petición formal de ayuda. Una oportunidad para escapar de su miserable existencia. Lejos de una familia que no le respeta. Antonio se eleva. Se eleva un poco más. Un metro por encima del suelo. Asciende. Más lento ahora. Algo más lento. Baja la cabeza. Su mujer le agarra por el tobillo con una mano mientras coge con la otra la mano del mayor de los niños, que, a su vez, coge la del mediano que coge la del pequeño. La cadena se despliega en medio de la noche. Antonio Hinojosa conoce perfectamente esa mirada. La conoce desde mucho antes de que se casaran. 
—Hasta que la muerte nos separe. Eso fue lo que prometiste —dice ella. 

(Escuchando: Pet Shop Boys - Heart)

21/5/14

out of the blue and into the black

Sólo ceniza. De la casa de mis padres no quedó nada más. Se consumió hasta los cimientos. He visto a algunos amigos arder alcanzados por rayos. Tenía un perro que sufrió un desafortunado accidente con una barbacoa. Mi mujer murió calcinada al chocar contra un camión que transportaba 25 toneladas de propileno licuado. Desde que llegué a esta residencia ha habido siete casos de combustión espontánea. Si lo que quiere saber es cuándo voy a morir, le diré que a mis 86 años espero que sea lo antes posible. Si me pregunta cómo, no tengo ni idea. Supongo que me apagaré lentamente. 

(Escuchando: Neil Young - Hey Hey My My)

19/5/14

hacer un trío

Hacer un trío 
es como ir a un festival 
en el que tocan tus dos grupos favoritos
y sus conciertos coinciden. 
Hacer un trío 
con otro tío
es como ir a un concierto de tu grupo favorito
y tener que aguantar al borracho de al lado
que grita,
se tambalea,
huele a sudor
y dice estupideces sin parar. 
Con el añadido de que
en algún momento
(¿quieres apostar?)
los genitales de ese borracho 
van a terminar rozándose con los tuyos. 

(Escuchando: The Doors - People are strange [Infected Mushroom remix])

14/5/14

el fin de los tiempos me pilló muy ocupado

La lluvia de fuego que lentamente devoraba la ciudad y reducía todo aquello que amaba a cenizas, metal retorcido y sangre carbonizada era el menor de mis problemas. Con diferencia. 

(Escuchando: Los Peyotes - Mocker)

5/5/14

aguanegra

Mientras la impía lluvia borraba la rayuela del patio del colegio la gente se refugiaba en sus casas. Era aquella una lluvia oscura. Densa y pesada. Leche negra que caía con fuerza y se filtraba hasta la raíz de todas las cosas. Matando desde el interior. Cientos de coches abandonados en medio de las avenidas. Decenas de caídos. También animales desfigurados. Sucedía a veces. Para purgar los pecados. Eso se decían. Intuían que en realidad continuaría pasando de todas maneras. Independientemente de sus actos. Pero querían pensar (necesitaban hacerlo) que cuando por fin salía el sol habían quedado libres de cualquier falta. 

(Escuchando: Clovers - Crawlin)

29/4/14

tu pelo

Una semana después de que te fueras hice que barnizaran por fin el parqué del salón. Un poco por joder, no te digo que no. Un poco por ahora que te has ido es justo cuando voy a hacerlo. Un poco por mantenerme ocupado, superarlo y todo eso. En cuanto aquel tipo terminó su trabajo y salió de casa, me di cuenta de que se había dejado un pelo tuyo debajo de la brillante capa de poliuretano. Una redundancia innecesaria. Tu pelo siempre ha llamado la atención por su brillo. Es tuyo. Resulta una tontería creer otra cosa. Conozco tu pelo. Es demasiado largo para ser mío. 

Trato de no pensar en eso. Porque si pienso en tu pelo me pongo triste. Y si me pongo triste voy por ahí cabizbajo. Mirando al suelo. Y si miro al suelo veo tu pelo. Y eso me pone más triste todavía. De manera que cada vez que pienso en ti y en tu pelo intento desviar mi atención hacia Elvis. Elvis,  Tupelo, Condado de Lee, Misisipi. Ahora cuando escucho a Elvis también me pongo triste. Hasta hace poco imaginaba que algún conquistador español que se encontraba en una situación parecida a la mía había bautizado a Tupelo con ese nombre. Me he enterado de que realmente se llama así por una clase de árbol que es muy frecuente allí. Vale. Un botánico o algo parecido entonces. Un botánico en el mismo lugar que yo. 

Podría lijar esa zona del salón, pero yo no sabría cómo hacerlo para que quedara bien y pedírselo a alguien resultaría bastante embarazoso porque de alguna u otra forma, aunque me inventara cualquier pretexto, acabarías saliendo a relucir. Tú y tu pelo reluciente. Así que voy a dejar las cosas como están. Tu pelo parece un insecto atrapado en ámbar. He visto Parque Jurásico. Es muy posible que en un corto espacio de tiempo la ciencia pueda hacer que vuelvas conmigo. Aunque tú, bueno, no seas esencialmente tú. Creo que me conformaría con que tuviera tu pelo. 

(Escuchando: Turbonegro - Let's go to Mars)

24/4/14

voy a apoyar la guerra

Voy a apoyar la guerra. 
Voy a vender mis ideales
para poder subvencionar 
a las tropas invasoras de tu país. 
Voy a alistarme en el ejército
si es preciso 
y voy a disparar a tu marido en el frente 
(un tiro en medio de la frente). 
Voy a matar a tus padres,
a tu hermana,
voy a destruir tu pueblo,
voy a quemar tus tierras,
para que tengas que volver aquí 
como una refugiada.
Yo seré tus padres,
tu marido,
y tu hermana. 
Yo seré tu pueblo, 
tus tierras. 
Yo voy a ser tu bandera. 

(Escuchando: Teophilus London - Last Name London) 

9/4/14

todos los dobles del presidente

Le deseé que tuviera un buen turno y me marché a casa. Como todas las noches, he dormido con las ventanas cerradas y los ojos abiertos. Esta mañana me ha llamado su mujer. Un grupo de anarcosituacionistas lo arrinconó en un callejón cerca de la Estación Central cuando salía de trabajar y lo ejecutó. Masaryk no era el más parecido. Yo me parezco más. Mientras hababla con ella, el auténtico presidente (o Yankelevich, o Vuković, o Farkas, o cualquiera de los otros, es difícil saberlo) daba un discurso en la televisión. Si todo va tan bien como dice, ¿por qué nos están exterminando a todos? 

(Escuchando: Balcanes - Plataforma)

4/4/14

metódicamente enamorados

A y B se conocieron en un curso de contabilidad financiera. B ocupaba uno de los últimos asientos de la clase, así que dominaba toda el aula con sólo levantar la vista de los apuntes. Que se fijara en ella era cuestión de poco tiempo. A tardó algo más en fijarse en él, pero cuando al fin lo hizo, cuando B empezó a resaltar a sus ojos ante el resto de compañeros, lo hizo con un interés que dejaba a ambos en igualdad de condiciones. Ahora uno de los dos tenía que dar el paso. 

En realidad no importa quién lo dio. El caso es que empezaron a sentarse juntos en clase. A hacerse reír. A desaprovechar el curso y a aprovecharlo de otra manera. ¿Quieres hacer algo después? Sí, vale. Por qué no. Durante la última etapa de la Humanidad el destino de la especie se ha articulado en torno a esta sugerencia. Así que A y B comenzaron una relación. Sus cerebros se pusieron a segregar dopamina, testosterona y norepinefrina con una intensidad muy superior a la normal. Conforme los niveles de serotonina descendían, la obsesión de A por B y de B por A se acrecentaba. Cuando la pasión entra por la puerta el control salta por la ventana. 

Hay estudios que demuestran que lo que todos entendemos por amor no dura, en realidad, más que dos o tres años. Cuatro en el mejor de los casos. Y esa primera fase de entusiasmo (en la que más que de amor deberíamos hablar de enamoramiento) se extingue pasados los primeros doce meses. Aproximadamente. A partir de ese momento la pareja entra en una fase de tolerancia mutua. Es un proceso químico. La química no entiende de sentimientos. Aunque sea precisamente la encargada de producirlos. Ningún ser humano podría tolerar el desorden que una reacción así provoca en el organismo durante un intervalo más amplio. A y B se encontraban inmersos en esa fase. La del enamoramiento. Euforia, hiperactividad y pérdida de apetito. Pero decidieron tomarse las cosas con calma. 

Un mensaje por semana. Del tipo que fuera. A través del medio que fuese. Escueto, eso sí. Bajo ninguna circunstancia podía rebasar una línea de texto. Las conversaciones duraban meses. Llamadas telefónicas cuidadosamente distribuidas. Un pequeño encuentro cada siete semanas. Apenas unos minutos. Suficientes para que sus pupilas se dilataran, sus bocas se secasen y sus manos juguetearan con cualquier cosa que tuvieran cerca. Tardaron más de un año en darse un beso. La espera mereció la pena. 

Cualquiera se desesperaría ante una situación así. Cualquiera habría acelerado el devenir de los acontecimientos o, en último término, habría abandonado. Se habría rendido, por ejemplo, a la inmediatez del sexo casual con alguna otra persona en medio de un proceso tan largo. Es difícil saber qué tipo de recompensas pueden obtenerse de un noviazgo de este tipo. Qué nivel de profundidad se puede llegar a alcanzar. Nadie lo había hecho antes y parece probable que pase bastante tiempo hasta que otra pareja establezca una conducta semejante. Ni siquiera ellos, ni A ni B, son capaces de explicarlo del todo. Sus relaciones anteriores fueron normales en ese sentido. A ninguno de los dos se le pasó nunca por la cabeza algo así. Pero lo que para otros no funciona, en su caso ha salido bastante bien hasta ahora. Después de quince años están punto de irse de vacaciones juntos. Por fin. Y siguen —literalmente— tan enamorados como el primer día. 

(Escuchando: Crocodiles - She splits me up) 

2/4/14

sentimental killer

Luego cruzó el pasillo, bajó al sótano y mató al prisionero. Pero antes pasó horas en la cocina discutiendo consigo mismo. Igual que en tantas otras ocasiones. ¿Por qué necesitaba hacerlo? ¿Por qué no podía controlarse? Y, por encima de todo, ¿por qué no sentía remordimientos? Entonces bajó al sótano. Para tratar de conocer el arrepentimiento. Aunque sólo fuera por una vez. Nada. Lo mismo de siempre. Transcurrido un rato no era capaz de sentir nada. Un cuerpo ensangrentado sobre el suelo de hormigón. Nada más. Desesperado, cayó sobre sus rodillas y empezó a llorar. Era esa frustración la que le impulsaba a seguir matando. 

 (Escuchando: The Black Crowes - Ozone Mama)

14/3/14

1+1=2

Nuestros mismos ojos. Uno es mío. El otro es de Alicia. Nuestros mismos rasgos. Tiene mi boca. La nariz de Alicia. Mis manos. Nuestras personalidades. En su interior se agitan dos inteligencias que luchan por imponerse la una a la otra. Alicia se ha vuelto a levantar llorando. Sé en qué piensa. En lo mismo que yo. En por qué algo puede resultar tan bello entre dos personas, entre ella y yo, y funcionar tan terriblemente mal en una. En esa a la que todavía no sabemos si llamar hijo o hija. A la que hacemos todo lo que podemos por querer. 

(Escuchando: Bloodhound Gang - The inevitable return of the great white dope)

11/3/14

in the loop


Contemplar la película de tu vida en el momento antes de morir. Quedarte dormido de puro aburrimiento. Despertarte. Volver a ver la película desde el principio. Dormirte de nuevo. Despertarte otra vez. De cómo una existencia carente de emoción puede conseguir burlar a la muerte.

(Escuchando: The Smiths - Girlfriend in a coma) 

27/2/14

tú, máquina síncrona

Eh, máquina síncrona,
¿tienes tiempo para esto?
¿Puedes parar los golpes?
¿Puedes canalizar mis embestidas?
¿Puedes llevarte toda la furia que hay dentro de mí?
Eh, máquina síncrona,
¿puedes rebajar mi venganza hasta un nivel de justicia razonable?
¿Puedes ayudarme a alumbrar esta ciudad oscura,
pestilente,
llena de ratas
y de miserables?
Eh, máquina síncrona,
¿puedes proporcionarme una vía de escape para tanta rabia?
¿Puedes acercarme al mundo real?
¿Puedes transformar la tensión en algo útil?
Ahora yo te pregunto:
¿querrías tú ser mi máquina síncrona?
¿Harías eso antes de que empiece a arder?

(Escuchando: Mogwai - Take me somewhere nice)

20/2/14

aitor


Éste es Aitor. Quiere ser actor, pero mientras tanto se gana la vida como repartidor de pizzas en un Telepizza. Ahora acaba de conseguir un pequeño trabajo de lo suyo. Hace de repartidor de pizzas en un anuncio de Telepizza. No tiene frase ni nada. Está bastante contento.

(Escuchando: Alice in Chains - Lesson Learned) 

17/2/14

zombie kid

Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos del cajón. Cuchillo y tenedor. Como cada día, se aplicó en conseguir unas buenas circunvoluciones y una forma y textura apropiadas. Cuando el filete de pollo adquirió un aspecto convincente, se acercó al salón donde el pequeño Víctor esperaba su cena. 
—¡Cerebro! —grito entusiasmado. 
—Cerebro —confirmó ella. 
Fue en un campamento. En Fuenterrabía. Allí contrajo una rara enfermedad y terminó convirtiéndole en el zombi que, después de todo, seguía siendo su hijo. Mientras le observaba comer pensó que lo bueno de aquello era que los zombis muy listos no son. Y que ahora al chaval le encantaba la coliflor. 

Este relato quedó finalista de la semana en el concurso Relatos en cadena del programa La Ventana, en la Cadena SER. 

(Escuchando: Nine Inch Nails - Gave up [open my eyes])

7/2/14

ella eligió la locura

Ella eligió la locura.
Eligió poner pegatinas fosforescentes
en el techo de su habitación.
Eligió crear con sus manos cosas de la nada.
Eligió dibujarse palabras que le gustaban en el cuerpo
porque la sensación del rotulador deslizándose por su piel
le gustaba.
Eligió pasear sola por las ciudadelas de su mente.
Eligió bailar desnuda.
Eligió algunas drogas.
Eligió no dar explicaciones a nadie.
Eligió algunas imágenes,
eligió la música,
eligió la ficción.
Eligió escribir
cuando los demás elegían tener hijos.
Eligió tener una mascota pequeña
cuando los demás habla, bla, bla, ban de política.
Eligió no volver a salir de casa.  
Eligió pintar cuadros que nadie más podía entender.
Eligió mirar fijamente a las paredes
y proyectar en ellas
películas que eran sueños,
alucinaciones,
fantasmagorías introspectivas.
Ella eligió la locura
sin saber que
antes de eso,
mucho antes,
antes incluso de que naciera,
la locura la había elegido a ella.

(Escuchando: Des Ames Libres - One Day)  

16/1/14

stuntman bermejo

—Y así, tontamente, acabe pegándome un tiro.
—Oiga, yo no… 
—Mire, sólo tiene que apretar aquí. 
—Deje de apuntarme con eso, haga el favor. 
—No, si las balas son de mentirijillas. Por eso le digo que…
—Usted está loco. 
Al llegar a la planta baja, el nuevo inquilino del tercero salió disparado del ascensor y huyó por el portal. José Antonio Bermejo, un especialista de cine jubilado, le observó desaparecer calle abajo con los ojos húmedos y su pistola de fogueo en la mano. Siempre que se acercaba una reunión de vecinos intentaba convertirla en algo un poco más emocionante. Pero lo único que encontraba era incomprensión. 

(Escuchando: Them Crooked Vultures - Elephants)

31/12/13

lo que no sabéis sobre los microondas

Hay un par de cosas que no sabéis sobre los microondas. Existe una tendencia generalizada a creer que funcionan a través de ondas electromagnéticas definidas en un rango determinado. En el rango de las microondas, precisamente. Mediante un proceso denominado calentamiento dieléctrico, las moléculas de las sustancias expuestas a estas microondas (el agua, principalmente) se ponen en movimiento liberando una energía que, a la postre, no es otra cosa que calor. Y no. Esto no es así.

Podía haber sido. A mediados de los años cuarenta del siglo XX, el ingeniero Percy Spencer estaba realizando una serie de experimentos con un tubo al vacío llamado magnetrón. Al terminar la jornada observó que la chocolatina que guardaba en el bolsillo se había derretido completamente. No se le ocurrió que las ondas generadas por el magnetrón eran la causa. Tiró la chocolatina a la papelera del laboratorio, cerró con llave y se marchó a su casa. Tiempo después, y sin que la chocolatina tuviera realmente nada que ver, le dio por pensar en que la existencia del ser humano mejoraría una barbaridad si existiera una manera de calentar los alimentos de forma rápida y limpia. Y cayó en la cuenta de que, tal vez, había un medio de conseguirlo. La teleportación. La teleportación se presentaba como una opción válida. Había que intentarlo.

Después de unas pocas semanas, Spencer construyó un aparato bastante parecido a nuestros hornos microondas actuales que, como aquel, calientan por teleportación. Enseguida descubrió lo sorprendentemente sencillo del procedimiento y achacó que nadie lo hubiese llevado antes a cabo con éxito a la falta de un trabajo riguroso y serio. Porque lo del Experimento Filadelfia había sido una chapuza en toda regla. Secreto revelado. Cómo. ¿Que esa tecnología está presente en nuestras vidas, en nuestras cocinas y nunca lo hemos sabido? Bueno, ¿cuánta gente se preocupa por indagar en el mecanismo de un microondas? Calienta el café. No se lleva bien con el papel de aluminio. Puede hacer explotar a un gremlin. Eso es todo lo que hace falta entender. ¿Y qué opina el Gobierno de Estados Unidos? El Gobierno de Estados Unidos está al corriente, claro que lo está. No se dedica a propagarlo a diestro y siniestro (por aquello del control mundial y demás), pero lo sabe, como es natural. Y usa las teleportaciones. Con moderación, eso sí. Tampoco es plan de abusar de algo tan vistoso. Mucho menos hoy en día, que todo el mundo tiene un móvil con cámara. En fin, a lo que íbamos.  

La técnica desarrollada por Percy Spencer se basa en la singularidad de los agujeros de gusano. Al darse a un nivel modesto, doméstico, permite la posibilidad de un flujo bidireccional. En una escala mayor ya es otra cosa. Eso ya no tiene nada que ver. Es un cristo que para qué. Pero en las cotas en las que se mueven los microondas resulta perfectamente realizable. El gasto (ahí suele estar la madre del cordero) es aceptable y, sobre todo, rentable. Se empieza a ver por dónde va la cosa, creo yo. Por si acaso no fuera así. Que te apetece, no sé, calentar unas croquetas ya hechas. Bueno, un par de minutos a 300 o 350 vatios deberían bastar. O lo que es lo mismo, 120 segundos en algún punto concreto entre la Tierra y Venus. Cientos de miles de millones de partículas de croqueta emprendiendo un viaje de ida y vuelta hasta esa posición exacta a velocidades superiores a las de la luz. Yendo y viniendo con una celeridad inimaginable. Cruzándose por el camino. Increíble, ¿verdad? Y cierto. Increíblemente cierto.

Pues así con todo. ¿Un vaso de leche templada antes de irte a dormir? Lo único que se necesita es una pasadita por alguna de las planicies de Mercurio. El desierto del Sáhara va muy bien para la comida china. O el de Dash-e Lut. También el de Atacama. Cualquiera de ellos, de hecho. Depende del plato. La diferencia horaria no es problema. Estamos hablando de agujeros de gusano. Es posible cocinar una pizza al sol de hace 3000 años. Sí que es verdad que esto de los desiertos a veces trae pequeñas complicaciones, las cosas como son. Existen casos de coyotes que se han interpuesto en el camino de una tortilla de patatas de la noche anterior y han terminado fusionados con ella. Una tortilla de coyote en el microondas. Algo que el comensal, sin duda, no espera encontrar. Pero vamos, que solamente ha pasado en un par de ocasiones. Puede que más. En cualquier caso no supone nada de lo que haya que preocuparse. Ah. Un último punto. Tal vez alguien se lo esté preguntando. Si los microondas son capaces de enviar alimentos a los puntos más calientes de la galaxia, podrán también mandarlos a los puntos con las temperaturas más bajas. Es razonable pensarlo, ciertamente. Aunque no deja de ser un disparate. La AIF* se enfadaría mucho si dijera lo contrario. Ellos acuñaron aquello de que la venganza es un plato que se sirve frío.

 *Alianza Internacional del Frío. Integrada en su mayor parte por empresas frigoríficas, heladeros y fabricantes de cubitos de hielo.


Juana de Arco. Por Matainventor

(Escuchando: :Wumpscut: - Teufelszeug)

11/12/13

el buen narco

Su conciencia no podría soportarlo así que, como acostumbra a hacer, se adelanta al resto, coge el machete y secciona la garganta del mexicano que compró una cantidad de cocaína que no podía pagar. El ajusticiamiento transcurre delante de la cámara. Van a enviarles la cinta a la viuda y sus hijos. Tarda casi diez minutos en separar la cabeza del tronco. Necesita un hacha. El mexicano intenta gritar pero sólo emite un gorgoteo espantoso. Le llaman El Duro. Porque no saben que si él se echa a la espalda el peso de todas esas muertes es para que los demás no tengan que hacerlo. 

(Escuchando: Explosions in the Sky - Catastrophe and the Cure)

5/12/13

el jesuita en la terminal

El jesuita espera pacientemente
en la capilla de la terminal 1.
Agazapado tras el enrejado de madera del confesionario
como una araña en su telaraña.
El aeropuerto es un hervidero de almas que van y vienen
arrastrando maletas pesadas,
arrastrando los pies,
arrastrando el peso de sus conciencias,
mientras en el interior del oratorio
reinan la paz, el silencio y la soledad.
Pueden pasar horas,
días,
hasta que un viajero entre en la capilla.
Aun entonces es probable que no se confiese.
El jesuita espera.
Reflexiona sobre sus propias faltas.
Ha confortado a hombres y mujeres de todas las nacionalidades.
Habla más de diez idiomas.
La internacionalización de los pecados
nos hace a todos iguales ante sus ojos
y ante los ojos de Dios.
El jesuita espera
sin moverse en ningún momento de su puesto.
Porque
si lo hiciera,
si no pudiera proporcionar consuelo
al que llega en mitad de la noche,
el jesuita fracasaría.

(Escuchando: Oneohtrix Point Never – R Plus Seven)

15/11/13

club mimos

Esa expresión. Llover a mares. Esa expresión se queda corta para hacerle justicia a la enorme cantidad de agua que descargó la tormenta con la que me encontré aquella noche de octubre de hace ya más de veinte años. No sé en qué momento abandoné la carretera principal, pero llevaba un rato rodando por una vía secundaria sin conseguir ver nada cuando me pareció distinguir una luz al fondo. Me dirigí hacia ella. Un destello parpadeante en mitad de la oscuridad. Sonaba Black Sabbath de Black Sabbath por los altavoces del coche al llegar a su altura. Club Mimos. El neón rojo palpitaba sobre la puerta de entrada. Si yo era el protagonista de algún tipo de película de terror, tenía que atravesar ese umbral. Es lo que se espera del protagonista de una película de terror. De todas maneras, era lo único que podía hacer. 

En esa época yo no estaba comprometido de ninguna forma, así que pasar un rato, hasta que mejorara el tiempo, en un sitio como aquel no podía hacer daño a nadie. Entré. Y al abrir la puerta reparé en un detalle curioso. El sonido de un tintineo agradable. Producido por uno de esos móviles que se cuelgan en las puertas de las tiendas para que el dependiente sepa si ha entrado alguien. Una anciana de aspecto simpático se acercó lentamente, y sin mediar palabra, me cogió de la mano y me condujo hasta una pequeña habitación. Por el camino pude ver a hombres acodados en la barra (aunque en este punto resulte sorprendente, me pareció hecha de caramelo) que me saludaban levantando sus tazas llenas de chocolate caliente. Camareros repartiendo bollitos de crema recién horneados. Enormes fuentes llenas de gominolas. En un extremo, un tiovivo giraba muy despacio proyectando imágenes de estrellas y planetas por toda la estancia. El Club Mimos hacía honor a su nombre de una manera que todavía no podía imaginar. 

La habitación era confortable y cálida. Con una iluminación tenue. Había un frasco de Vick’s Vaporub y un bote para hacer pompas de jabón en la mesilla. Frente a la cama, una televisión enorme provista de home cinema. La cama estaba cubierta por una colcha con dibujos de dinosaurios. Me gustan los dinosaurios. Como a todo el mundo. Transcurrido unos minutos, llamaron a la puerta. Era la mujer que me había llevado hasta allí. Con un grupo de chicas que fueron pasando por el dormitorio, de una en una, para presentarse. Todas iban vestidas con pijamas de algodón y calcetines. Todas eran guapas a rabiar. Todas mostraban una delicadeza y una bondad poco frecuentes. Cuanto más en un mundo como el de los clubs de carretera. Lo tuve claro desde el principio: por encima del resto, destacaba una de ellas. Maite O. Mientras esperaba a que Maite volviera a entrar, escuché un tumulto en el exterior. Cuando apareció (impregnando el aire de un delicioso aroma a vainilla), quise saber qué había pasado. Aquí —dijo con una sonrisa tan encantadora que me hizo tragar saliva— no se viene a hacer lo que ese hombre había venido a hacer. 

No hubo necesidad de más explicaciones. Puso a los Lemonheads y sacó dos batidos de fresa de un pequeño frigorífico. Si quieres cualquier otra cosa, —propuso— hay limonada, Dr Pepper, zumo de naranja… Y tarta de manzana. Así estaba bien. Se lo dije y me quedé mirándola sin saber qué hacer. Si Dios creó el mundo en siete días tuvo que emplear seis en diseñar la cara de Maite O. Su cuello. Sus hombros. Todo su cuerpo. El grado de inclinación de sus miembros al doblarse. Nos tumbamos en la cama y empezamos a hablar. Me abrazó. Tardé bastante tiempo en convencer a mis sentidos de que aquello no era lo que parecía. A mí me había quedado claro, pero algunas partes de mi cuerpo se resistían a permanecer relajadas. Me contó historias de su infancia. Yo le conté historias de la mía. Nos tocábamos las manos. Nos acariciábamos el pelo. Nos besábamos los párpados. Nos hacíamos reír. Bien entrada la madrugada caímos en un sueño profundo. La televisión proyectaba videoclips de Spike Jonze sobre nosotros. 

Me despertó un susurro fresco. Un aliento húmedo cargado de palabras cariñosas y olor a cereza. Desayunamos tarta de manzana mientras jugábamos con el escalextric que Maite O. guardaba en un baúl. La hora de marcharme se estaba acercando y, por tanto, la de pagar. A ella no parecía importarle el tema del dinero. Desviaba continuamente la conversación o simplemente hacía como que no me oía. Decía “A veces es bueno salirse del camino” y otras cosas por el estilo. Nos despedimos en la entrada. Prometí volver. Mientras encendía el motor del coche y Black Sabbath volvían a rugir, vi a través del retrovisor cómo me despedía con la mano. Una imagen que se fue haciendo más y más pequeña hasta desaparecer. No tengo ni idea de cómo llegué al Club Mimos. Ni recuerdo cómo desemboqué otra vez en la carretera principal. Pero prometí que volvería y lo he cumplido. Lo cumplo cada vez que algo va mal. Cierro los ojos y el neón aparece enseguida. La puerta se abre y la cámara avanza a través de rostros afables, figuritas de acción y constelaciones centelleantes. Para alcanzar la habitación en la que está Maite O. Invitándome a pasar y a quedarme hasta que todo se solucione. 

(Escuchando: Elvis - Heartbreak Hotel)

11/11/13

lunes

Estás haciendo cola en el supermercado. Cuando llega tu turno, te das cuenta de que no tienes dinero suficiente y le pides a la cajera que te quite un par de cosas. Bajas la cabeza avergonzado y ves un guante de plástico con todos sus dedos recogidos a excepción del dedo corazón, que te apunta directamente. Creo que Dios se está riendo de mí. 

 (Escuchando: Ornamento y Delito - Hombre nuevo)

7/11/13

un brutal episodio de realidad amplificada

Mientras papá cerraba la tapa del contenedor giró la cabeza para decirme algo. Por eso no pudo ver el coche que se lo llevó por delante. El golpe no debería haber sido mortal. El conductor no circulaba a gran velocidad. Simplemente no pudo frenar a tiempo. Pero el impacto fue bestial. Una explosión de sangre y vísceras se expandió por toda la calle salpicándonos a todos. Jamás he vuelto a asistir a una reacción tan desproporcionada. A partir de entonces dejé de creer en Dios. Hace poco he empezado a hacerlo de nuevo. Dios existe. Es un ser perverso y sádico que me espera en el Infierno. 

(Escuchando: MIA - Space)

26/10/13

código maría paz

Algunos días no enciendo la televisión. Normalmente veo el telediario y poco más, pero algunos días no hago ni eso. No me entero de nada. Entonces llamo por teléfono a mi madre, que generalmente tiene la televisión puesta. Si llamo a la hora adecuada está viendo el telediario. Y me lo cuenta. Son pequeñas acotaciones en la conversación. Intersticios espontáneos de información sesgada. “Pobres perros, los visten de mamarrachos.” No importa que el tema fuera otro. Los perros vestidos se han colado en la charla. Yo tengo que completar la noticia a partir de apuntes mínimos. In media res. Una traducción simultánea formada por notas al margen. Ella sabe que no tengo la televisión conectada pero actúa como si los dos estuviéramos frente a la pantalla. Es parte del plan. Deduzco que en algún lugar del mundo se ha celebrado una feria canina. Puede que tal o cual diseñador haya sacado una línea de ropa para mascotas. Estoy encerrado en un zulo a varios metros bajo tierra y mi madre sólo puede enviarme mensajes cifrados que me toca desencriptar. Ambos nos estamos jugando la vida. Oigo de fondo al locutor. “Londres (…) violín (…) Titanic.” Y a mi madre. “Pero si está hecho una pena. Qué barbaridad pagar todo ese dinero.” No hay duda. En Londres se ha subastado un violín proveniente del Titanic y alguien se lo ha llevado a cambio de una suma importante. Es lógico pensar que el violín pertenecía a uno de los miembros de la banda del barco. Se encontraba en mal estado de conservación. Sobre eso no hay discusión posible. “Ayer ganamos al Barcelona.” En realidad creo que la cosa terminó en empate. Ya se sabe que siempre hay algo que se pierde en la traducción. Traducción implica interpretación. Sigo en el zulo. Un miembro del Servicio Federal de Seguridad apunta a mi madre con una semiautomática. Por eso no puede ser fiel a los acontecimientos. Pero guarda la compostura. Su sangre fría es admirable. A mí a esas alturas ya se me habría escapado algo relevante. Y mi madre y yo estaríamos muertos. Ella permanece imperturbable. Sabe lo que hace. Continúa insertando reflexiones a vuelapluma sobre asuntos que me han sido escamoteados hoy. Extraigo el núcleo con toda la precisión de la soy capaz de hacer uso. Nos despedimos. En unos días se repetirá el procedimiento. A este lado, un hombre aislado. Al otro, una mujer valiente. Como siempre, grabarán la conversación. 

 (Escuchando: Blur - Out of time)

20/10/13

las chicas sólo quieren pasárselo bien

No te acerques.
Es inútil.
La zona está perfectamente perimetrada
por su indeferencia.
Las entradas están selladas herméticamente
por secretos compartidos entre ellas. 
Las chicas sólo quieren pasárselo bien.
No van a entrar en tu juego.
No quieren tomar nada.
No estudian.
No trabajan.
No se dedican a nada.
No les gusta la música.
No leen.
No van al cine.
No hacen nada.
No vienen mucho por aquí.
No tienen nombre.
No tienen edad.
No insistas.
No sirve de nada.
No las toques.
No tiene sentido.
Todos somos capaces de verlo.
Y tú eres una persona triste y lamentable
en una sala llena de gente.

(Escuchando: Savages - I am here)  

9/10/13

la balada del hombre recto

Érase una vez un hombre. Pulcro, ordenado y trabajador. Constante. Desprendido. No bebía. No fumaba. Pagaba sus impuestos. No soñaba. Abría la puerta a los demás y cerraba los ojos al rezar. Nunca dio motivos para que se cuestionara su reputación ni cuestionó la reputación de otros. Jamás se quedó dormido. Respetaba las normas del juego y acataba las leyes. Era la viva imagen de la integridad. Hoy nadie lo recuerda. Puede que alguien acierte a sostener: Oh, sí, espera. Me acuerdo. Era un hombre recto. Esto es lo único que dirán. Porque es lo único que se puede contar de él. 

 (Escuchando: Elvis - Something)

1/10/13

musculoso masculinista

Pueblan las calles y arrabales de nuestros núcleos urbanos unos individuos ruidosos y acelerados que marcan tendencia. Tipos de impolutas deportivas blancas, pantalones prietos y camisetas ajustadas. Adornados con bisutería fina, patillicas finas, cejas finas también y peinados estructuralmente enrevesadísimos levantados a base de pringues de lo más dispar. Son los musculosos masculinistas. Hombres que no han leído un libro en la vida ni falta que les hace. Su educación se ha forjado en gimnasios de barrio y bares en los que la obstinación y la grosería se premian con una viril palmada en la espalda. Así caminan hacia la puesta de sol, exhibiendo músculo y masculinidad a partes iguales. Para recogerse en sus casas y acicalarse convenientemente antes del baile nocturno. Práctica ésta que suele acabar la mayor parte de las veces en cópula. Sí. Porque el musculoso masculinista gusta a la mujer. ¡Qué disparate! ¡Eso es de un sexista que da asco! No, no. Y aunque lo fuera. El hombre culto, sensible e inteligente, puede llamar la atención de cierto tipo de mujer, pero nunca (o muy rara vez) conseguirá el favor de la fémina analfabeta. Corre además, aun en ambientes medianamente ilustrados, el riesgo de quedar como un bicho raro al que es mejor no acercarse mucho. Sin embargo, el musculoso masculinista es El Dorado de la iletrada y el “¿por qué no?” de la erudita. ¡Reduccionismo intolerable! ¡Fascismo atroz! ¡Hacía tiempo que no leía tanta barbaridad junta! Y una mierda. Piensen, caballeros, en el caso opuesto. Tal vez alguno estará ahora mismo meneando la cabeza con desaprobación, pero no nos engañemos. No es momento de hacerse el digno. Como si alguno de ustedes fuera a rechazar a Megan Fox o a cualquier otra paleta recauchutada en caso de que (hagan este ejercicio de imaginación) se presentara inopinadamente en su alcoba predispuesta a la pasión y el gozo. Todavía habrá quién diga: ah, pero esto es diferente. El varón tiene sus instintos más básicos desarrollados de una forma menos discriminatoria. Menos exigente. Nada. Igualdad. Igualdad para todo. Un cuerpo bello es un cuerpo bello. Así que, por el bien de ambos géneros y por una sexualidad rebosante y fresca, Dostoievski queda censurado. El método Pilates se presenta como la única opción. 

Desclasificado de HOMO VELAMINE

(Escuchando: A Place to Bury Strangers - Worship)