29/4/14

tu pelo

Una semana después de que te fueras hice que barnizaran por fin el parqué del salón. Un poco por joder, no te digo que no. Un poco por ahora que te has ido es justo cuando voy a hacerlo. Un poco por mantenerme ocupado, superarlo y todo eso. En cuanto aquel tipo terminó su trabajo y salió de casa, me di cuenta de que se había dejado un pelo tuyo debajo de la brillante capa de poliuretano. Una redundancia innecesaria. Tu pelo siempre ha llamado la atención por su brillo. Es tuyo. Resulta una tontería creer otra cosa. Conozco tu pelo. Es demasiado largo para ser mío. 

Trato de no pensar en eso. Porque si pienso en tu pelo me pongo triste. Y si me pongo triste voy por ahí cabizbajo. Mirando al suelo. Y si miro al suelo veo tu pelo. Y eso me pone más triste todavía. De manera que cada vez que pienso en ti y en tu pelo intento desviar mi atención hacia Elvis. Elvis,  Tupelo, Condado de Lee, Misisipi. Ahora cuando escucho a Elvis también me pongo triste. Hasta hace poco imaginaba que algún conquistador español que se encontraba en una situación parecida a la mía había bautizado a Tupelo con ese nombre. Me he enterado de que realmente se llama así por una clase de árbol que es muy frecuente allí. Vale. Un botánico o algo parecido entonces. Un botánico en el mismo lugar que yo. 

Podría lijar esa zona del salón, pero yo no sabría cómo hacerlo para que quedara bien y pedírselo a alguien resultaría bastante embarazoso porque de alguna u otra forma, aunque me inventara cualquier pretexto, acabarías saliendo a relucir. Tú y tu pelo reluciente. Así que voy a dejar las cosas como están. Tu pelo parece un insecto atrapado en ámbar. He visto Parque Jurásico. Es muy posible que en un corto espacio de tiempo la ciencia pueda hacer que vuelvas conmigo. Aunque tú, bueno, no seas esencialmente tú. Creo que me conformaría con que tuviera tu pelo. 

(Escuchando: Turbonegro - Let's go to Mars)

24/4/14

voy a apoyar la guerra

Voy a apoyar la guerra. 
Voy a vender mis ideales
para poder subvencionar 
a las tropas invasoras de tu país. 
Voy a alistarme en el ejército
si es preciso 
y voy a disparar a tu marido en el frente 
(un tiro en medio de la frente). 
Voy a matar a tus padres,
a tu hermana,
voy a destruir tu pueblo,
voy a quemar tus tierras,
para que tengas que volver aquí 
como una refugiada.
Yo seré tus padres,
tu marido,
y tu hermana. 
Yo seré tu pueblo, 
tus tierras. 
Yo voy a ser tu bandera. 

(Escuchando: Teophilus London - Last Name London) 

9/4/14

todos los dobles del presidente

Le deseé que tuviera un buen turno y me marché a casa. Como todas las noches, he dormido con las ventanas cerradas y los ojos abiertos. Esta mañana me ha llamado su mujer. Un grupo de anarcosituacionistas lo arrinconó en un callejón cerca de la Estación Central cuando salía de trabajar y lo ejecutó. Masaryk no era el más parecido. Yo me parezco más. Mientras hababla con ella, el auténtico presidente (o Yankelevich, o Vuković, o Farkas, o cualquiera de los otros, es difícil saberlo) daba un discurso en la televisión. Si todo va tan bien como dice, ¿por qué nos están exterminando a todos? 

(Escuchando: Balcanes - Plataforma)

4/4/14

metódicamente enamorados

A y B se conocieron en un curso de contabilidad financiera. B ocupaba uno de los últimos asientos de la clase, así que dominaba toda el aula con sólo levantar la vista de los apuntes. Que se fijara en ella era cuestión de poco tiempo. A tardó algo más en fijarse en él, pero cuando al fin lo hizo, cuando B empezó a resaltar a sus ojos ante el resto de compañeros, lo hizo con un interés que dejaba a ambos en igualdad de condiciones. Ahora uno de los dos tenía que dar el paso. 

En realidad no importa quién lo dio. El caso es que empezaron a sentarse juntos en clase. A hacerse reír. A desaprovechar el curso y a aprovecharlo de otra manera. ¿Quieres hacer algo después? Sí, vale. Por qué no. Durante la última etapa de la Humanidad el destino de la especie se ha articulado en torno a esta sugerencia. Así que A y B comenzaron una relación. Sus cerebros se pusieron a segregar dopamina, testosterona y norepinefrina con una intensidad muy superior a la normal. Conforme los niveles de serotonina descendían, la obsesión de A por B y de B por A se acrecentaba. Cuando la pasión entra por la puerta el control salta por la ventana. 

Hay estudios que demuestran que lo que todos entendemos por amor no dura, en realidad, más que dos o tres años. Cuatro en el mejor de los casos. Y esa primera fase de entusiasmo (en la que más que de amor deberíamos hablar de enamoramiento) se extingue pasados los primeros doce meses. Aproximadamente. A partir de ese momento la pareja entra en una fase de tolerancia mutua. Es un proceso químico. La química no entiende de sentimientos. Aunque sea precisamente la encargada de producirlos. Ningún ser humano podría tolerar el desorden que una reacción así provoca en el organismo durante un intervalo más amplio. A y B se encontraban inmersos en esa fase. La del enamoramiento. Euforia, hiperactividad y pérdida de apetito. Pero decidieron tomarse las cosas con calma. 

Un mensaje por semana. Del tipo que fuera. A través del medio que fuese. Escueto, eso sí. Bajo ninguna circunstancia podía rebasar una línea de texto. Las conversaciones duraban meses. Llamadas telefónicas cuidadosamente distribuidas. Un pequeño encuentro cada siete semanas. Apenas unos minutos. Suficientes para que sus pupilas se dilataran, sus bocas se secasen y sus manos juguetearan con cualquier cosa que tuvieran cerca. Tardaron más de un año en darse un beso. La espera mereció la pena. 

Cualquiera se desesperaría ante una situación así. Cualquiera habría acelerado el devenir de los acontecimientos o, en último término, habría abandonado. Se habría rendido, por ejemplo, a la inmediatez del sexo casual con alguna otra persona en medio de un proceso tan largo. Es difícil saber qué tipo de recompensas pueden obtenerse de un noviazgo de este tipo. Qué nivel de profundidad se puede llegar a alcanzar. Nadie lo había hecho antes y parece probable que pase bastante tiempo hasta que otra pareja establezca una conducta semejante. Ni siquiera ellos, ni A ni B, son capaces de explicarlo del todo. Sus relaciones anteriores fueron normales en ese sentido. A ninguno de los dos se le pasó nunca por la cabeza algo así. Pero lo que para otros no funciona, en su caso ha salido bastante bien hasta ahora. Después de quince años están punto de irse de vacaciones juntos. Por fin. Y siguen —literalmente— tan enamorados como el primer día. 

(Escuchando: Crocodiles - She splits me up) 

2/4/14

sentimental killer

Luego cruzó el pasillo, bajó al sótano y mató al prisionero. Pero antes pasó horas en la cocina discutiendo consigo mismo. Igual que en tantas otras ocasiones. ¿Por qué necesitaba hacerlo? ¿Por qué no podía controlarse? Y, por encima de todo, ¿por qué no sentía remordimientos? Entonces bajó al sótano. Para tratar de conocer el arrepentimiento. Aunque sólo fuera por una vez. Nada. Lo mismo de siempre. Transcurrido un rato no era capaz de sentir nada. Un cuerpo ensangrentado sobre el suelo de hormigón. Nada más. Desesperado, cayó sobre sus rodillas y empezó a llorar. Era esa frustración la que le impulsaba a seguir matando. 

 (Escuchando: The Black Crowes - Ozone Mama)

14/3/14

1+1=2

Nuestros mismos ojos. Uno es mío. El otro es de Alicia. Nuestros mismos rasgos. Tiene mi boca. La nariz de Alicia. Mis manos. Nuestras personalidades. En su interior se agitan dos inteligencias que luchan por imponerse la una a la otra. Alicia se ha vuelto a levantar llorando. Sé en qué piensa. En lo mismo que yo. En por qué algo puede resultar tan bello entre dos personas, entre ella y yo, y funcionar tan terriblemente mal en una. En esa a la que todavía no sabemos si llamar hijo o hija. A la que hacemos todo lo que podemos por querer. 

(Escuchando: Bloodhound Gang - The inevitable return of the great white dope)

11/3/14

in the loop


Contemplar la película de tu vida en el momento antes de morir. Quedarte dormido de puro aburrimiento. Despertarte. Volver a ver la película desde el principio. Dormirte de nuevo. Despertarte otra vez. De cómo una existencia carente de emoción puede conseguir burlar a la muerte.

(Escuchando: The Smiths - Girlfriend in a coma) 

27/2/14

tú, máquina síncrona

Eh, máquina síncrona,
¿tienes tiempo para esto?
¿Puedes parar los golpes?
¿Puedes canalizar mis embestidas?
¿Puedes llevarte toda la furia que hay dentro de mí?
Eh, máquina síncrona,
¿puedes rebajar mi venganza hasta un nivel de justicia razonable?
¿Puedes ayudarme a alumbrar esta ciudad oscura,
pestilente,
llena de ratas
y de miserables?
Eh, máquina síncrona,
¿puedes proporcionarme una vía de escape para tanta rabia?
¿Puedes acercarme al mundo real?
¿Puedes transformar la tensión en algo útil?
Ahora yo te pregunto:
¿querrías tú ser mi máquina síncrona?
¿Harías eso antes de que empiece a arder?

(Escuchando: Mogwai - Take me somewhere nice)

20/2/14

aitor


Éste es Aitor. Quiere ser actor, pero mientras tanto se gana la vida como repartidor de pizzas en un Telepizza. Ahora acaba de conseguir un pequeño trabajo de lo suyo. Hace de repartidor de pizzas en un anuncio de Telepizza. No tiene frase ni nada. Está bastante contento.

(Escuchando: Alice in Chains - Lesson Learned) 

17/2/14

zombie kid

Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos del cajón. Cuchillo y tenedor. Como cada día, se aplicó en conseguir unas buenas circunvoluciones y una forma y textura apropiadas. Cuando el filete de pollo adquirió un aspecto convincente, se acercó al salón donde el pequeño Víctor esperaba su cena. 
—¡Cerebro! —grito entusiasmado. 
—Cerebro —confirmó ella. 
Fue en un campamento. En Fuenterrabía. Allí contrajo una rara enfermedad y terminó convirtiéndole en el zombi que, después de todo, seguía siendo su hijo. Mientras le observaba comer pensó que lo bueno de aquello era que los zombis muy listos no son. Y que ahora al chaval le encantaba la coliflor. 

Este relato quedó finalista de la semana en el concurso Relatos en cadena del programa La Ventana, en la Cadena SER. 

(Escuchando: Nine Inch Nails - Gave up [open my eyes])

7/2/14

ella eligió la locura

Ella eligió la locura.
Eligió poner pegatinas fosforescentes
en el techo de su habitación.
Eligió crear con sus manos cosas de la nada.
Eligió dibujarse palabras que le gustaban en el cuerpo
porque la sensación del rotulador deslizándose por su piel
le gustaba.
Eligió pasear sola por las ciudadelas de su mente.
Eligió bailar desnuda.
Eligió algunas drogas.
Eligió no dar explicaciones a nadie.
Eligió algunas imágenes,
eligió la música,
eligió la ficción.
Eligió escribir
cuando los demás elegían tener hijos.
Eligió tener una mascota pequeña
cuando los demás habla, bla, bla, ban de política.
Eligió no volver a salir de casa.  
Eligió pintar cuadros que nadie más podía entender.
Eligió mirar fijamente a las paredes
y proyectar en ellas
películas que eran sueños,
alucinaciones,
fantasmagorías introspectivas.
Ella eligió la locura
sin saber que
antes de eso,
mucho antes,
antes incluso de que naciera,
la locura la había elegido a ella.

(Escuchando: Des Ames Libres - One Day)  

16/1/14

stuntman bermejo

—Y así, tontamente, acabe pegándome un tiro.
—Oiga, yo no… 
—Mire, sólo tiene que apretar aquí. 
—Deje de apuntarme con eso, haga el favor. 
—No, si las balas son de mentirijillas. Por eso le digo que…
—Usted está loco. 
Al llegar a la planta baja, el nuevo inquilino del tercero salió disparado del ascensor y huyó por el portal. José Antonio Bermejo, un especialista de cine jubilado, le observó desaparecer calle abajo con los ojos húmedos y su pistola de fogueo en la mano. Siempre que se acercaba una reunión de vecinos intentaba convertirla en algo un poco más emocionante. Pero lo único que encontraba era incomprensión. 

(Escuchando: Them Crooked Vultures - Elephants)

31/12/13

lo que no sabéis sobre los microondas

Hay un par de cosas que no sabéis sobre los microondas. Existe una tendencia generalizada a creer que funcionan a través de ondas electromagnéticas definidas en un rango determinado. En el rango de las microondas, precisamente. Mediante un proceso denominado calentamiento dieléctrico, las moléculas de las sustancias expuestas a estas microondas (el agua, principalmente) se ponen en movimiento liberando una energía que, a la postre, no es otra cosa que calor. Y no. Esto no es así.

Podía haber sido. A mediados de los años cuarenta del siglo XX, el ingeniero Percy Spencer estaba realizando una serie de experimentos con un tubo al vacío llamado magnetrón. Al terminar la jornada observó que la chocolatina que guardaba en el bolsillo se había derretido completamente. No se le ocurrió que las ondas generadas por el magnetrón eran la causa. Tiró la chocolatina a la papelera del laboratorio, cerró con llave y se marchó a su casa. Tiempo después, y sin que la chocolatina tuviera realmente nada que ver, le dio por pensar en que la existencia del ser humano mejoraría una barbaridad si existiera una manera de calentar los alimentos de forma rápida y limpia. Y cayó en la cuenta de que, tal vez, había un medio de conseguirlo. La teleportación. La teleportación se presentaba como una opción válida. Había que intentarlo.

Después de unas pocas semanas, Spencer construyó un aparato bastante parecido a nuestros hornos microondas actuales que, como aquel, calientan por teleportación. Enseguida descubrió lo sorprendentemente sencillo del procedimiento y achacó que nadie lo hubiese llevado antes a cabo con éxito a la falta de un trabajo riguroso y serio. Porque lo del Experimento Filadelfia había sido una chapuza en toda regla. Secreto revelado. Cómo. ¿Que esa tecnología está presente en nuestras vidas, en nuestras cocinas y nunca lo hemos sabido? Bueno, ¿cuánta gente se preocupa por indagar en el mecanismo de un microondas? Calienta el café. No se lleva bien con el papel de aluminio. Puede hacer explotar a un gremlin. Eso es todo lo que hace falta entender. ¿Y qué opina el Gobierno de Estados Unidos? El Gobierno de Estados Unidos está al corriente, claro que lo está. No se dedica a propagarlo a diestro y siniestro (por aquello del control mundial y demás), pero lo sabe, como es natural. Y usa las teleportaciones. Con moderación, eso sí. Tampoco es plan de abusar de algo tan vistoso. Mucho menos hoy en día, que todo el mundo tiene un móvil con cámara. En fin, a lo que íbamos.  

La técnica desarrollada por Percy Spencer se basa en la singularidad de los agujeros de gusano. Al darse a un nivel modesto, doméstico, permite la posibilidad de un flujo bidireccional. En una escala mayor ya es otra cosa. Eso ya no tiene nada que ver. Es un cristo que para qué. Pero en las cotas en las que se mueven los microondas resulta perfectamente realizable. El gasto (ahí suele estar la madre del cordero) es aceptable y, sobre todo, rentable. Se empieza a ver por dónde va la cosa, creo yo. Por si acaso no fuera así. Que te apetece, no sé, calentar unas croquetas ya hechas. Bueno, un par de minutos a 300 o 350 vatios deberían bastar. O lo que es lo mismo, 120 segundos en algún punto concreto entre la Tierra y Venus. Cientos de miles de millones de partículas de croqueta emprendiendo un viaje de ida y vuelta hasta esa posición exacta a velocidades superiores a las de la luz. Yendo y viniendo con una celeridad inimaginable. Cruzándose por el camino. Increíble, ¿verdad? Y cierto. Increíblemente cierto.

Pues así con todo. ¿Un vaso de leche templada antes de irte a dormir? Lo único que se necesita es una pasadita por alguna de las planicies de Mercurio. El desierto del Sáhara va muy bien para la comida china. O el de Dash-e Lut. También el de Atacama. Cualquiera de ellos, de hecho. Depende del plato. La diferencia horaria no es problema. Estamos hablando de agujeros de gusano. Es posible cocinar una pizza al sol de hace 3000 años. Sí que es verdad que esto de los desiertos a veces trae pequeñas complicaciones, las cosas como son. Existen casos de coyotes que se han interpuesto en el camino de una tortilla de patatas de la noche anterior y han terminado fusionados con ella. Una tortilla de coyote en el microondas. Algo que el comensal, sin duda, no espera encontrar. Pero vamos, que solamente ha pasado en un par de ocasiones. Puede que más. En cualquier caso no supone nada de lo que haya que preocuparse. Ah. Un último punto. Tal vez alguien se lo esté preguntando. Si los microondas son capaces de enviar alimentos a los puntos más calientes de la galaxia, podrán también mandarlos a los puntos con las temperaturas más bajas. Es razonable pensarlo, ciertamente. Aunque no deja de ser un disparate. La AIF* se enfadaría mucho si dijera lo contrario. Ellos acuñaron aquello de que la venganza es un plato que se sirve frío.

 *Alianza Internacional del Frío. Integrada en su mayor parte por empresas frigoríficas, heladeros y fabricantes de cubitos de hielo.


Juana de Arco. Por Matainventor

(Escuchando: :Wumpscut: - Teufelszeug)

11/12/13

el buen narco

Su conciencia no podría soportarlo así que, como acostumbra a hacer, se adelanta al resto, coge el machete y secciona la garganta del mexicano que compró una cantidad de cocaína que no podía pagar. El ajusticiamiento transcurre delante de la cámara. Van a enviarles la cinta a la viuda y sus hijos. Tarda casi diez minutos en separar la cabeza del tronco. Necesita un hacha. El mexicano intenta gritar pero sólo emite un gorgoteo espantoso. Le llaman El Duro. Porque no saben que si él se echa a la espalda el peso de todas esas muertes es para que los demás no tengan que hacerlo. 

(Escuchando: Explosions in the Sky - Catastrophe and the Cure)

5/12/13

el jesuita en la terminal

El jesuita espera pacientemente
en la capilla de la terminal 1.
Agazapado tras el enrejado de madera del confesionario
como una araña en su telaraña.
El aeropuerto es un hervidero de almas que van y vienen
arrastrando maletas pesadas,
arrastrando los pies,
arrastrando el peso de sus conciencias,
mientras en el interior del oratorio
reinan la paz, el silencio y la soledad.
Pueden pasar horas,
días,
hasta que un viajero entre en la capilla.
Aun entonces es probable que no se confiese.
El jesuita espera.
Reflexiona sobre sus propias faltas.
Ha confortado a hombres y mujeres de todas las nacionalidades.
Habla más de diez idiomas.
La internacionalización de los pecados
nos hace a todos iguales ante sus ojos
y ante los ojos de Dios.
El jesuita espera
sin moverse en ningún momento de su puesto.
Porque
si lo hiciera,
si no pudiera proporcionar consuelo
al que llega en mitad de la noche,
el jesuita fracasaría.

(Escuchando: Oneohtrix Point Never – R Plus Seven)

15/11/13

club mimos

Esa expresión. Llover a mares. Esa expresión se queda corta para hacerle justicia a la enorme cantidad de agua que descargó la tormenta con la que me encontré aquella noche de octubre de hace ya más de veinte años. No sé en qué momento abandoné la carretera principal, pero llevaba un rato rodando por una vía secundaria sin conseguir ver nada cuando me pareció distinguir una luz al fondo. Me dirigí hacia ella. Un destello parpadeante en mitad de la oscuridad. Sonaba Black Sabbath de Black Sabbath por los altavoces del coche al llegar a su altura. Club Mimos. El neón rojo palpitaba sobre la puerta de entrada. Si yo era el protagonista de algún tipo de película de terror, tenía que atravesar ese umbral. Es lo que se espera del protagonista de una película de terror. De todas maneras, era lo único que podía hacer. 

En esa época yo no estaba comprometido de ninguna forma, así que pasar un rato, hasta que mejorara el tiempo, en un sitio como aquel no podía hacer daño a nadie. Entré. Y al abrir la puerta reparé en un detalle curioso. El sonido de un tintineo agradable. Producido por uno de esos móviles que se cuelgan en las puertas de las tiendas para que el dependiente sepa si ha entrado alguien. Una anciana de aspecto simpático se acercó lentamente, y sin mediar palabra, me cogió de la mano y me condujo hasta una pequeña habitación. Por el camino pude ver a hombres acodados en la barra (aunque en este punto resulte sorprendente, me pareció hecha de caramelo) que me saludaban levantando sus tazas llenas de chocolate caliente. Camareros repartiendo bollitos de crema recién horneados. Enormes fuentes llenas de gominolas. En un extremo, un tiovivo giraba muy despacio proyectando imágenes de estrellas y planetas por toda la estancia. El Club Mimos hacía honor a su nombre de una manera que todavía no podía imaginar. 

La habitación era confortable y cálida. Con una iluminación tenue. Había un frasco de Vick’s Vaporub y un bote para hacer pompas de jabón en la mesilla. Frente a la cama, una televisión enorme provista de home cinema. La cama estaba cubierta por una colcha con dibujos de dinosaurios. Me gustan los dinosaurios. Como a todo el mundo. Transcurrido unos minutos, llamaron a la puerta. Era la mujer que me había llevado hasta allí. Con un grupo de chicas que fueron pasando por el dormitorio, de una en una, para presentarse. Todas iban vestidas con pijamas de algodón y calcetines. Todas eran guapas a rabiar. Todas mostraban una delicadeza y una bondad poco frecuentes. Cuanto más en un mundo como el de los clubs de carretera. Lo tuve claro desde el principio: por encima del resto, destacaba una de ellas. Maite O. Mientras esperaba a que Maite volviera a entrar, escuché un tumulto en el exterior. Cuando apareció (impregnando el aire de un delicioso aroma a vainilla), quise saber qué había pasado. Aquí —dijo con una sonrisa tan encantadora que me hizo tragar saliva— no se viene a hacer lo que ese hombre había venido a hacer. 

No hubo necesidad de más explicaciones. Puso a los Lemonheads y sacó dos batidos de fresa de un pequeño frigorífico. Si quieres cualquier otra cosa, —propuso— hay limonada, Dr Pepper, zumo de naranja… Y tarta de manzana. Así estaba bien. Se lo dije y me quedé mirándola sin saber qué hacer. Si Dios creó el mundo en siete días tuvo que emplear seis en diseñar la cara de Maite O. Su cuello. Sus hombros. Todo su cuerpo. El grado de inclinación de sus miembros al doblarse. Nos tumbamos en la cama y empezamos a hablar. Me abrazó. Tardé bastante tiempo en convencer a mis sentidos de que aquello no era lo que parecía. A mí me había quedado claro, pero algunas partes de mi cuerpo se resistían a permanecer relajadas. Me contó historias de su infancia. Yo le conté historias de la mía. Nos tocábamos las manos. Nos acariciábamos el pelo. Nos besábamos los párpados. Nos hacíamos reír. Bien entrada la madrugada caímos en un sueño profundo. La televisión proyectaba videoclips de Spike Jonze sobre nosotros. 

Me despertó un susurro fresco. Un aliento húmedo cargado de palabras cariñosas y olor a cereza. Desayunamos tarta de manzana mientras jugábamos con el escalextric que Maite O. guardaba en un baúl. La hora de marcharme se estaba acercando y, por tanto, la de pagar. A ella no parecía importarle el tema del dinero. Desviaba continuamente la conversación o simplemente hacía como que no me oía. Decía “A veces es bueno salirse del camino” y otras cosas por el estilo. Nos despedimos en la entrada. Prometí volver. Mientras encendía el motor del coche y Black Sabbath volvían a rugir, vi a través del retrovisor cómo me despedía con la mano. Una imagen que se fue haciendo más y más pequeña hasta desaparecer. No tengo ni idea de cómo llegué al Club Mimos. Ni recuerdo cómo desemboqué otra vez en la carretera principal. Pero prometí que volvería y lo he cumplido. Lo cumplo cada vez que algo va mal. Cierro los ojos y el neón aparece enseguida. La puerta se abre y la cámara avanza a través de rostros afables, figuritas de acción y constelaciones centelleantes. Para alcanzar la habitación en la que está Maite O. Invitándome a pasar y a quedarme hasta que todo se solucione. 

(Escuchando: Elvis - Heartbreak Hotel)

11/11/13

lunes

Estás haciendo cola en el supermercado. Cuando llega tu turno, te das cuenta de que no tienes dinero suficiente y le pides a la cajera que te quite un par de cosas. Bajas la cabeza avergonzado y ves un guante de plástico con todos sus dedos recogidos a excepción del dedo corazón, que te apunta directamente. Creo que Dios se está riendo de mí. 

 (Escuchando: Ornamento y Delito - Hombre nuevo)

7/11/13

un brutal episodio de realidad amplificada

Mientras papá cerraba la tapa del contenedor giró la cabeza para decirme algo. Por eso no pudo ver el coche que se lo llevó por delante. El golpe no debería haber sido mortal. El conductor no circulaba a gran velocidad. Simplemente no pudo frenar a tiempo. Pero el impacto fue bestial. Una explosión de sangre y vísceras se expandió por toda la calle salpicándonos a todos. Jamás he vuelto a asistir a una reacción tan desproporcionada. A partir de entonces dejé de creer en Dios. Hace poco he empezado a hacerlo de nuevo. Dios existe. Es un ser perverso y sádico que me espera en el Infierno. 

(Escuchando: MIA - Space)

26/10/13

código maría paz

Algunos días no enciendo la televisión. Normalmente veo el telediario y poco más, pero algunos días no hago ni eso. No me entero de nada. Entonces llamo por teléfono a mi madre, que generalmente tiene la televisión puesta. Si llamo a la hora adecuada está viendo el telediario. Y me lo cuenta. Son pequeñas acotaciones en la conversación. Intersticios espontáneos de información sesgada. “Pobres perros, los visten de mamarrachos.” No importa que el tema fuera otro. Los perros vestidos se han colado en la charla. Yo tengo que completar la noticia a partir de apuntes mínimos. In media res. Una traducción simultánea formada por notas al margen. Ella sabe que no tengo la televisión conectada pero actúa como si los dos estuviéramos frente a la pantalla. Es parte del plan. Deduzco que en algún lugar del mundo se ha celebrado una feria canina. Puede que tal o cual diseñador haya sacado una línea de ropa para mascotas. Estoy encerrado en un zulo a varios metros bajo tierra y mi madre sólo puede enviarme mensajes cifrados que me toca desencriptar. Ambos nos estamos jugando la vida. Oigo de fondo al locutor. “Londres (…) violín (…) Titanic.” Y a mi madre. “Pero si está hecho una pena. Qué barbaridad pagar todo ese dinero.” No hay duda. En Londres se ha subastado un violín proveniente del Titanic y alguien se lo ha llevado a cambio de una suma importante. Es lógico pensar que el violín pertenecía a uno de los miembros de la banda del barco. Se encontraba en mal estado de conservación. Sobre eso no hay discusión posible. “Ayer ganamos al Barcelona.” En realidad creo que la cosa terminó en empate. Ya se sabe que siempre hay algo que se pierde en la traducción. Traducción implica interpretación. Sigo en el zulo. Un miembro del Servicio Federal de Seguridad apunta a mi madre con una semiautomática. Por eso no puede ser fiel a los acontecimientos. Pero guarda la compostura. Su sangre fría es admirable. A mí a esas alturas ya se me habría escapado algo relevante. Y mi madre y yo estaríamos muertos. Ella permanece imperturbable. Sabe lo que hace. Continúa insertando reflexiones a vuelapluma sobre asuntos que me han sido escamoteados hoy. Extraigo el núcleo con toda la precisión de la soy capaz de hacer uso. Nos despedimos. En unos días se repetirá el procedimiento. A este lado, un hombre aislado. Al otro, una mujer valiente. Como siempre, grabarán la conversación. 

 (Escuchando: Blur - Out of time)

20/10/13

las chicas sólo quieren pasárselo bien

No te acerques.
Es inútil.
La zona está perfectamente perimetrada
por su indeferencia.
Las entradas están selladas herméticamente
por secretos compartidos entre ellas. 
Las chicas sólo quieren pasárselo bien.
No van a entrar en tu juego.
No quieren tomar nada.
No estudian.
No trabajan.
No se dedican a nada.
No les gusta la música.
No leen.
No van al cine.
No hacen nada.
No vienen mucho por aquí.
No tienen nombre.
No tienen edad.
No insistas.
No sirve de nada.
No las toques.
No tiene sentido.
Todos somos capaces de verlo.
Y tú eres una persona triste y lamentable
en una sala llena de gente.

(Escuchando: Savages - I am here)  

9/10/13

la balada del hombre recto

Érase una vez un hombre. Pulcro, ordenado y trabajador. Constante. Desprendido. No bebía. No fumaba. Pagaba sus impuestos. No soñaba. Abría la puerta a los demás y cerraba los ojos al rezar. Nunca dio motivos para que se cuestionara su reputación ni cuestionó la reputación de otros. Jamás se quedó dormido. Respetaba las normas del juego y acataba las leyes. Era la viva imagen de la integridad. Hoy nadie lo recuerda. Puede que alguien acierte a sostener: Oh, sí, espera. Me acuerdo. Era un hombre recto. Esto es lo único que dirán. Porque es lo único que se puede contar de él. 

 (Escuchando: Elvis - Something)

1/10/13

musculoso masculinista

Pueblan las calles y arrabales de nuestros núcleos urbanos unos individuos ruidosos y acelerados que marcan tendencia. Tipos de impolutas deportivas blancas, pantalones prietos y camisetas ajustadas. Adornados con bisutería fina, patillicas finas, cejas finas también y peinados estructuralmente enrevesadísimos levantados a base de pringues de lo más dispar. Son los musculosos masculinistas. Hombres que no han leído un libro en la vida ni falta que les hace. Su educación se ha forjado en gimnasios de barrio y bares en los que la obstinación y la grosería se premian con una viril palmada en la espalda. Así caminan hacia la puesta de sol, exhibiendo músculo y masculinidad a partes iguales. Para recogerse en sus casas y acicalarse convenientemente antes del baile nocturno. Práctica ésta que suele acabar la mayor parte de las veces en cópula. Sí. Porque el musculoso masculinista gusta a la mujer. ¡Qué disparate! ¡Eso es de un sexista que da asco! No, no. Y aunque lo fuera. El hombre culto, sensible e inteligente, puede llamar la atención de cierto tipo de mujer, pero nunca (o muy rara vez) conseguirá el favor de la fémina analfabeta. Corre además, aun en ambientes medianamente ilustrados, el riesgo de quedar como un bicho raro al que es mejor no acercarse mucho. Sin embargo, el musculoso masculinista es El Dorado de la iletrada y el “¿por qué no?” de la erudita. ¡Reduccionismo intolerable! ¡Fascismo atroz! ¡Hacía tiempo que no leía tanta barbaridad junta! Y una mierda. Piensen, caballeros, en el caso opuesto. Tal vez alguno estará ahora mismo meneando la cabeza con desaprobación, pero no nos engañemos. No es momento de hacerse el digno. Como si alguno de ustedes fuera a rechazar a Megan Fox o a cualquier otra paleta recauchutada en caso de que (hagan este ejercicio de imaginación) se presentara inopinadamente en su alcoba predispuesta a la pasión y el gozo. Todavía habrá quién diga: ah, pero esto es diferente. El varón tiene sus instintos más básicos desarrollados de una forma menos discriminatoria. Menos exigente. Nada. Igualdad. Igualdad para todo. Un cuerpo bello es un cuerpo bello. Así que, por el bien de ambos géneros y por una sexualidad rebosante y fresca, Dostoievski queda censurado. El método Pilates se presenta como la única opción. 

Desclasificado de HOMO VELAMINE

(Escuchando: A Place to Bury Strangers - Worship)

17/9/13

buenas noticias


A las chicas que te gustan les gustan los gilipollas. No falla. La buena noticia es que eso te exime automáticamente de ser un gilipollas. 

(Escuchando: Kaiser Chiefs - Good days bad days)

13/9/13

cuerpo y alma

Si hubiera posibilidad de que tus enormes ojos acuáticos
pertenecieran a otra.
Otra que no me mirara con ese odio con el que tú me miras a veces.
Si esa arruga tan encantadora que se forma en tu nariz
cuando te ríes
de cualquier imbecilidad
se formara en la nariz de alguien
con un sentido del humor sano y creativo.
Si se me ofrecieran la oportunidad
de ver tu absurda forma de caminar
(que tanto me gusta)
en otra mujer que no disfrutara pisando a los demás,
en una que empleara los graciosos movimientos de tus pequeñas manos
para ilustrar conversaciones que fueran más allá
de libros estúpidos, programas de televisión estúpidos, cantantes estúpidos,  
y ropa,
una persona que tuviera tu pelo
y que me dejara tocarlo de vez en cuando,
que hubiera nacido con una boca como la tuya
y le sacara partido transmitiendo con ella
conceptos que tú ni siquiera sospechas que existen.
Si fuera posible de alguna manera.
Si existiera una forma.  
Pero claro,
entonces no serías tú.
Esa no serías tú.
Ninguna de ellas serías tú.
Y eso
(oh, sí, ya lo creo),
eso sería tan maravilloso,
mi amor.   

(Escuchando: M.I.A. - Believer)

5/9/13

las noticias de la carpeta con el símbolo de playboy: sofá, peli y manta y víveres y anfetaminas y un cubo para las deposiciones


Y sí. La película más larga de la historia es The Cure for Insomnia. Si viviéramos en el 2010 esto sería verdad, pero en el año 2011 Modern Times Forverer la desbancó con una duración de 240 horas. Diez días. 


(Escuchando: Queens of the Stone Age - Smooth Sailing)

28/8/13

no vale hablar

Practican cibersexo con desenfreno. Ninguno de los dos tiene webcam, pero sí micrófono. No vale hablar. Se oyen desnudos el uno al otro. Escuchan apasionadamente su desnudez.

(Escuchando: Nine Inch Nails - Copy of A) 

22/8/13

las manos de alicia

Cada vez que la pequeña Alicia veía una estrella fugaz o soplaba las velas de su tarta de cumpleaños (en el improbable caso de que se hubiera encontrado con un genio salido de una lámpara habría obrado igual) pedía un deseo. Un único deseo. Siempre el mismo. No perder sus manos. Le aterraba la idea de quedarse sin ellas. ¿Cómo manejarse sin manos? Tenía que ser algo terriblemente complicado que no le apetecía comprobar.

Pasó el tiempo, se hizo mayor y… Ya. Tuvo un accidente y le cortaron las manos. No, no. Yo no he dicho eso. Los brazos entonces. Claro que no, ¿cómo iba a conservar las manos habiéndole amputado los brazos? Ya sé. Las piernas. Una de ellas por lo menos. Que no, que no. Algún dedo. Nada. Qué manía. ¿Quién está escribiendo esto, vosotros o yo? Pues entonces. Dejadme que siga. Pasó el tiempo, se hizo mayor y sus manos siguieron desarrollándose al mismo ritmo que el resto de su cuerpo. No hay mucha gente que pueda presumir de lograr que sus anhelos más primarios se hagan realidad. Alicia lo estaba consiguiendo. Y sí, vale, ahora viene el accidente.

Una tarde de primavera Alicia estaba esperando el ascensor. Que parecía estar averiado, porque no bajaba. Introduzcamos aquí una pequeña elipsis para ahorrarnos el proceso que la llevó a situarse en el hueco del ascensor al tratar de ponerlo en marcha y situémosla ahí directamente. Que es lo que nos interesa. Subir andando no es una opción en este caso. Bien. Ahora dejemos caer el ascensor sobre ella. Ante la que se le venía encima, Alicia sólo pudo reaccionar alargando sus extremidades superiores hacia la escalera en un intento de poner las manos a salvo. A salvo quedaron. Chapoteando alegremente en un charquito de sangre hasta que un médico que pasaba por allí porque iba de visita al quinto izquierda (ya se sabe cómo son este tipo de casualidades) se hizo cargo de ellas. Diríase que la obsesión de Alicia por no perder sus manos condujo a sus manos a perderla a ella. Podría decirse esto si no fuera una soberana gilipollez.

Menos de 15 horas después, sus manos ya formaban parte de una mujer con el mismo grupo sanguíneo que ella y una estructura ósea parecida. Vaya, parece que se salió con la suya. Las manos de Alicia siguieron funcionando después incluso de que hubiera muerto. Qué va. El sistema inmunológico de la receptora terminó rechazándolas y hubo que extraérselas. ¿Pudieron implantárselas a otra persona? Pero bueno, ¿estamos locos? Menuda marranada. Unas manos de tercera mano. A quién se le ocurre. Las manos descansan en la misma tumba en la que lo hace su propietaria original. Como tiene que ser. 

(Escuchando: Primal Scream - Elimination Blues)

19/8/13

lo que vosotros llamáis amor

A lo que vosotros llamáis amor
yo prefiero llamarlo
la compañía de ángeles sombríos
que me vuelan la puñetera cabeza con sus tambores
sus trompetas y
sus flautines,
la jauría de perros sarnosos
que me roen las entrañas furiosos
con dientes como guadañas,
la pandilla de enfermeras psicóticas
que me inyectan estricnina
en las articulaciones,
la miríada de nanoparásitos tóxicos
que galopan por mi sistema nervioso
arruinándolo todo a su paso.
Cada vez que la veo
prefiero llamarlo así.
Aunque resulte un poco más largo.

(Escuchando: Atari Teenage Riot - Is this Hyperreal?) 

12/8/13

no soy lo que estás buscando

No soy alguien del que te puedas fiar.
Soy un adicto.
Un asesino.
Un embaucador.
No soy una buena persona.
He dejado paralíticos a hombres decentes.
He deshecho parejas y me siento orgulloso.
Me he vengado con una crueldad desproporcionada. 
No soy lo que estás buscando.
He estado internado.
He matado a recién nacidos.
He violado, he torturado. He condenado a mucha gente
a los destinos más horribles.
Y pienso seguir haciéndolo.
Voy a seguir haciéndolo
mientras conserve mis manos
y tenga algo con lo que poder escribir.

(Escuchando: Suede - Pantomime Horse)

5/8/13

santa maría de los tejados

Cuentan que hace mucho tiempo, en la ciudad en la que nací (si ahora es pequeña entonces lo era mucho más), había una niña que se llamaba María Laplaza. María estaba todo el día trepando a los árboles, a los tejados y a las torres de las iglesias. Cuando alguien la llamaba, podía aparecer por cualquier lado. Siempre descolgándose desde alguna tubería, siempre entrando en las casas por la ventana menos pensada, siempre corriendo por las azoteas. Todo el mundo la conocía. Aquella niña tan bonita y tan buena y tan graciosa. María de los Tejados. 

Una tarde María no bajó. Al principio sus padres pensaron que estaba enfadada por algo, o que se había entretenido más de la cuenta persiguiendo a los pájaros. ¿Caerse? ¿Cómo iba a caerse si era hija de las alturas? Eso se decían. Pasó un día y seguía sin bajar. Pasó otro día. Y otro. Y otro. Y jamás bajó. Y los vecinos y familiares de María, con una tristeza tan profunda que no puede compararse con nada en este mundo, tuvieron que hacerse a la idea de que no la verían nunca más. Llegaron a la conclusión de que se había encaramado a un punto tan alto, que había terminando alcanzando el Cielo. Siendo tan bonita, tan buena y tan graciosa, los ángeles quisieron que se quedara con ellos para siempre. Así había tenido que ser. Entonces, igual que dejó de ser María Laplaza para convertirse en María de los Tejados, la ciudad entera la reconoció como Santa María de los Tejados. 

El lugar en el que nací es igual que otros muchos lugares. Cuando algo va mal, la gente mira hacia arriba y pide ayuda. Pero mientras en otros sitios piden ayuda a Dios, allí le piden ayuda a ella.

(Escuchando: Kadavar - Doomsday Machine)

29/7/13

la mujer con cara de pequinés que creció en nuestro fregadero

Es verdad que somos un poco dejados. No tengo claro en qué momento empezaron a amontonarse los platos sucios. Seguramente fue desde el principio. Cogíamos lo que necesitábamos, lo lavábamos, y después de utilizarlo lo volvíamos a dejar donde estaba. De tal manera que los platos, los cubiertos y las demás cosas que quedaban al fondo puede que llevaran ahí… no sé. Varios años. Tres o cuatro seguro. 

Una noche oímos un estruendo muy fuerte de vajilla haciéndose añicos y cazuelas metálicas rebotando contra las baldosas. Cuando nos asomamos a la cocina fue precisamente lo que nos encontramos (un par de ollas todavía no habían terminado de tomar tierra). Eso y un rastro de pisadas húmedas que se dirigían al pasillo y continuaban hasta el cuarto de baño. Allí, de pie dentro de la bañera, estaba ella. Una de esas señoras pequeñas y compactas con cara como de pequinés. Sin apenas cuello, con los ojos muy abiertos y una boca en forma de U invertida. Con una rigidez paradigmática miraba al frente y hacia arriba en un ángulo de unos 30 grados. Vestía con ropa barata, de hipermercado. No hablaba. Únicamente emitía una especie de jadeo al respirar. Parpadeaba lo justo. 

Se planteó la posibilidad de regalarla, entregarla a la protectora y hasta de (esto me avergüenza y me produce un escalofrío hoy en día) sacrificarla. Pero nosotros y nuestros desperdicios éramos los responsables de aquella mujer con cara de pequinés. No habíamos tomado las precauciones adecuadas y ahora teníamos que hacernos cargo de ella. Era una cuestión de principios. Y mi compañera de piso siempre quiso que tuviéramos una mascota. Así que, como no estorbaba ni hacía ruido ni nada, se quedó con nosotros. Duerme en el suelo de la cocina y come lechuga. Sigue aquí. La queremos mucho. No hace falta decir que desde que apareció y pese a nuestra tendencia natural hacia el desorden, intentamos mantener el fregadero libre de platos sucios. Aunque tengo que confesar algo. Últimamente yo no estoy haciendo todo lo que puedo en ese sentido. En fin, es que a veces la miro y me da la sensación de que se siente un poco sola.

(Escuchando: Bat For Lashes - Two Planets) 

22/7/13

generador de premisas

El Generador de Premisas
es un hombre
que genera una cantidad asombrosa de premisas dramáticas válidas
cada día.
La idea del generador de premisas
también ha sido generada por el Generador de Premisas.

(Escuchando: Justice - Waters of Nazareth) 

19/7/13

el momento exacto en que la vida de guillermo tobías se convirtió en algo parecido a una película mal bajada de internet

El momento exacto en que la vida de Guillermo Tobías se convirtió en algo parecido a una película mal bajada de Internet tuvo lugar en el metro. Iba pensando en sus cosas, como cada día, camino del trabajo, cuando escuchó a una chica hablar por el móvil. Estaba frente a él. No cabía sospechar que no fuera ella la que hablaba pero, un momento, un momento. El movimiento de sus labios no se correspondía con lo que decía. Qué curioso. Guillermo Tobías no se sorprendía fácilmente; ante aquello accedió a desconcertarse un poco. Enseguida encontró la explicación, a pesar de lo cual el tema no dejaba de ser ciertamente singular. El sonido avanzaba por un curso, levemente adelantado. Las imágenes por otro, ligeramente rezagadas. No sólo ocurría con la chica del teléfono móvil, se daba en todo el vagón. Igual que en una película mal bajada de Internet. 

A lo largo de la mañana, en la oficina, el fenómeno se agudizó progresivamente. Como no tenía claro que sus compañeros no fueran a tomarle por loco si exponía su situación, se limitó a comportarse con normalidad. Siempre se comportaba con normalidad. Aquel día no tenía por qué ser una excepción. Y eso que para la hora de comer ya estaba empezando a oír los acontecimientos que iban a sucederle por la tarde, cosa que, quieras que no, siempre trastoca. Sobre todo si de lo que te enteras es de cómo te deja tu novia mientras tú intentas explicarle que tus receptores internos se han desacompasado de repente. Esto último lo dedujo por la reacción de ella. Él ni siquiera se escuchaba a sí mismo. Sólo era el espectador. 

Guillermo y su novia habían quedado al salir de trabajar. Nada más verla, le adelantó que sabía exactamente lo que iba a decirle. 
—Sé exactamente lo que vas a decirme. Lo sé porque ya me lo has dicho. Creo que ha sido a las 14.37h. 
Guillermo era muy meticuloso para casi todo. Especialmente para lo concerniente a las horas y los horarios. Su novia no entendía nada, como es natural. 
—Mira, tú puedes oírme pero yo no tengo ni idea de lo que estás diciendo. Me parece que me has provocado un trauma. Me parece que lo que estás haciendo ahora conmigo me ha producido tal estrés que mis canales de imagen y sonido se han desencajado. Eso ha debido generar una onda que se ha expandido hacia esta mañana en el pasado y hacía quién coño sabe cuándo en el futuro. 
Aunque intentó hacerse entender contándole lo que le pasaba, ella seguía sin comprender. Bastante raro es ya de por sí dejar a alguien como para que encima te vengan con ésas. 
—No voy a seguir hablando. Tengo que irme. Si quieres añadir lo que sea, llámame esta noche. Estaré en casa viendo Tetsuo. Sé que estaré viéndola porque la estoy escuchando ahora mismo. Créeme, es jodido que te dejen mientras suena el tema pricipal de Tetsuo. 

Guillermo llegó a su casa y echó un vistazo al periódico. Efectivamente, ponían Tetsuo en el Canal 25. No es que a esas alturas albergara alguna duda, simplemente quería comprobar a qué hora empezaba para no perderse el principio. Ya había oído que no iba a perdérselo, pero cuando alguien es cuidadoso hasta el límite en que Guillermo Tobías lo era, lo es en cualquier circunstancia. Bajó al supermercado y compró algo para cenar mientras dejaba de percibir cualquier tipo de estímulo auditivo. Eso debía significar que dentro de unas horas estaría dormido. Y que su novia (a partir de ahora su ex novia, por lo visto) no había llamado. Aquella noche se iría a la cama antes de lo habitual. Sí, necesitaba descansar. El desajuste probablemente se le pasaría durmiendo entre 7 y 8 horas. Las que recomienda la Organización Mundial de la Salud.

(Escuchando: Melissa Auf der Maur - The Key)

17/7/13

las noticias de la carpeta con el símbolo de playboy: suicidas homicidas


Efectivamente. Lo mismo que le pasaba a la madre de la protagonista de cierta película francesa muy popular. Pero esto, amigos, es la vida real. Y por increíble que pueda parecer, la vida real siempre supera a la ficción. Por lo menos en número

(Escuchando: Justice - Horsepower)

11/7/13

la ciudad arde sin consumirse

Todavía faltan varias horas para el amanecer y el calor es cruel. La ciudad está encerrada en una pesada manta de ámbar borroso. Un perro ladra en la distancia sin saber que es la representación de un tópico. No se escucha nada más. Tal vez el crujido de la madera. El murmullo de los transformadores. Algunos edificios están en llamas. Combustiones espontáneas. Fuegos provocados por adolescentes enloquecidos. Miles de cuerpos rugosos se mueven a cámara lenta sobre colchones demasiado grandes para uno solo. Demasiado pequeños para dos. Ráfagas intermitentes de imágenes que les avergonzarán por la mañana cruzan sus mentes. Pican las cicatrices. Al oeste, en un sótano desprovisto de cualquier sistema de ventilación, un hombre tiembla en una esquina. Se está muriendo de frío. El verano más caluroso de los últimos cincuenta años, el insomnio. Han traído cosas terribles que no quería recordar. Un iceberg que se ha fragmentado y que el corazón bombea ahora hacia el cerebro. Donde flotan los pedazos de hielo. El hombre se muere de frío. Encontrarán su cuerpo el jueves. Y no habrá ni rastro de esa sonrisa con la que suelen encontrar a los muertos por congelación. 

(Escuchando: The Meteors - Simply ravishing)

8/7/13

una comedia romántica

Una comedia romántica independiente. No transcurre en Nueva York. La acción se desarrolla en Madrid. En Tetuán. Entre dos ecuatorianos. Él no es arquitecto. Reparte pizzas. Ella no es diseñadora. Pasea viejos. En la banda sonora no están ni los Pixies, ni The Cure, ni los Smiths. Aparecen Don Omar, Daddy Yankee y Luis Miguel del Amargue. ¿Quién me la compra? Estoy hablando en serio. 

 (Escuchando: Suede - Breakdown)

1/7/13

alguna clase de indicador para saber qué tal estás

Concédeme esto. 
Déjame saber por lo menos cómo te va. 
Y así, 
cada noche, 
al salir de trabajar, 
paso por delante de su casa. 
Si la persiana de su habitación está subida, 
sé que le va bien. 
Mejor cuanto más alta. 
Sé también 
que algo marcha mal cuando está bajada. 
Aunque no hay nada que pueda hacer, 
todavía se me permite alegrarme por sus éxitos 
y maldecirla por sus fracasos. 

 (Escuchando: Elvis - I can't stop loving you)