19/1/15

carrera por la supervivencia

¿Alguna vez te has sentido 
como si viajaras a través de una autopista de doce carriles
en un triciclo 
arrastrando un remolque lleno de tierra, 
el sol de frente y la sombra a tu espalda,  
con brillantes coches familiares, 
motos caras
y camiones de varios ejes
adelantándote por la derecha
y por la izquierda? 

Me alegro.
Yo tampoco. 

(Escuchando: Los Peyotes - Serial killer [El loco de la ruta]) 

13/1/15

el barco pirata de playmobil

Luego vinieron las malas notas. El comportamiento inapropiado. Los amigos poco recomendables, las vejaciones verbales y físicas a los compañeros de clase. Contestar mal a sus padres y agredirles llegado el momento. Sexo precoz carente de afecto. El abuso descontrolado de sustancias estupefacientes en coches robados conducidos a 200 kilómetros por hora a través de carreteras comarcales. Sin carné. Animales desmembrados, calcinados, parcialmente devorados y reducidos a viscosas masas de color escarlata. Violaciones. También a menores. Los asaltos a centros geriátricos y los atentados aleatorios en jugueterías. Personas sanas infectadas con enfermedades incurables en hospitales que tendrían que haber estado mejor vigilados. Asesinatos en masa. Caos. Miseria. Muerte y podredumbre. Un único jinete del Apocalipsis a lomos de la depravación más absoluta que haya conocido jamás la raza humana. Espoleada por la maldad ilimitada de una crueldad sin parangón. 

Antes de eso había venido un período en el que nadie habría reconocido al hombre que se convirtió en demonio y consumó su imperio del terror inmolándose sobre la azotea del Ministerio de Justicia. En el transcurso de aquellos 12 meses Alberto López cumplió 8 años. Ayudó a su madre. Acompañó a pescar a su padre. Bajó la basura. Hizo todos los ejercicios de matemáticas. Hasta los optativos. Lo que le valió una fama de empollón que los abusones del colegio no dejaron escapar. Recibió collejas, guantazos y escupitajos y tuvo una docena de motes denigrantes. Pero aguantó. Se concentró en su tarea, esquivó las zancadillas y fue cada jueves a visitar a sus abuelos. Y siguió aguantando. Aquella irreprochable conducta perseguía un único fin. Lo dejó escrito en la carta a los Reyes Magos cuando se completaba el ciclo inaugurado el Día de Reyes del año anterior. “Esta vez he sido bueno. He sido bueno de verdad. He sido bueno en todo momento y de todo corazón. Si alguna persona ha sido buena a lo largo de la historia, ése soy yo. Lo único que os pido a cambio es que estas navidades por fin me traigáis lo que os pido. El barco pirata de Playmobil.” 

La mañana de Reyes en que deberían haberle regalado el barco pirata de Playmobil, Alberto López se encontraba junto al árbol de Navidad y frente a una raquítica barquichuela que ni era de Playmobil ni era pirata ni era nada, gobernada por un marinero de plástico que parecía aquejado de cretinismo y con las rayas de su camiseta siguiendo un trazado diferente al de los surcos practicados en su torso para alojarlas. El chico sostenía una bola del árbol en su mano izquierda, ejerciendo tal presión sobre ella que la hizo estallar en minúsculos fragmentos. Mientras la sangre le corría por el brazo masculló entre sus dientes coléricamente apretados: “Os vais a reír de vuestra puta madre”. 

5/1/15

hacia un nuevo paradigma de familia nuclear

Sin saber por qué, le di un puñetazo a mi padre salpicando a mi madre con la sopa de almejas que estábamos cenando. Llevándose la servilleta a la nariz, de la que surgía un hilillo de sangre, mi padre dijo: 
—Hijo. 
Dijo: 
—Lo que acabas de hacer (tu madre estará conmigo) es bastante inapropiado. Me duele. No tanto a nivel físico como a nivel emocional. Pero si es ésta la forma en que has decidido afrontar la confusión propia de tu edad, sólo podemos apoyarte y bendecirte. 
Tener unos buenos padres es como que te toque la lotería. Y yo siempre fui el muchacho más afortunado del mundo.

22/12/14

rotura

Rotura de ligamentos emocionales. Desamor en el gimnasio. 

(Escuchando: Fatboy Slim - Love Island)

15/12/14

prematuro

Cuando no tienes nada
te queda por lo menos lo de escribir. 
Es algo que has prometido en público 
hacer hasta que te mueras
y si no lo haces te vas a morir. 
Así que cuando tampoco tienes eso, 
lo de escribir, 
cuando no tienes ninguna idea
ni el valor necesario para desarrollar algo antiguo, 
cualquier cosa vale si consigue drenar el magma oscuro
que te está ahogando
desde dentro.  
A falta de algo mejor,
más largo,
más elaborado,
escribes un poema. 
Una pequeña punción
a la altura del cuerpo calloso. 
Suficiente para ir tirando.  
Funciona igual que una cesárea. 
Ese pequeño bastardo no sale por donde debería
ni como debería.
Pero sale
al fin y al cabo. 
Si tienes suerte respira. 

(Escuchando: Marilyn Manson - Deep six) 

8/12/14

el estudiante de filosofía y la chica de oregón

Había escrito cien veces: te quiero, había incluido su nombre y el de ella y había distribuido las octavillas por la universidad para que la gente supiera que estaban juntos. Menuda suerte, le decían. Vaya chico más atento. Todas muertas de envidia. ¿Aquí siempre son así?, preguntaba ella. Qué va. Son unos brutos. Menuda suerte. Menuda suerte has tenido. Sí, hehe, contestaba con acento de la Costa Oeste. Menuda suerte. Tan puro era el amor del estudiante de filosofía por la chica de Oregón. Demasiado pensamiento, mucha palabra, casi ninguna obra y una omisión que le estaba llevando a la pobre a subirse por las paredes. 

(Escuchando: Interpol - Everything is wrong)

17/11/14

demostración de la conjetura de los números primos gemelos

Empezó a pensar en un nuevo teorema el miércoles 29 y el viernes 31 ya estaba ingresado en la habitación 137 del Hospital Universitario de Berna. 5 semanas pasó allí conectado a una serie de máquinas que mantenían sus constantes estables mientras él empleaba toda su energía en resolver el enigma. Nada más salir escribió sus conclusiones y se las envió a algunos colegas y a 3 publicaciones especializadas. Después llamó al Inselspital para que prepararan la 139 esta vez. Se le acababa de ocurrir algo. Ludwig Julius Seferović había donado su cuerpo a la ciencia, convencido de que vivo resultaba mucho más útil que muerto. 

(Escuchando: Garbage - Big bright world)

12/11/14

los tímidos y humildes

Son cientos, 
miles, 
son millones. 
Son la chica del laboratorio 
que huele a libro antiguo,
el estudiante de ingeniería mecánica
cuya mente descarriló durante aquella exposición oral
y los novios ilustradores,
más interesados en dibujar sobre manteles corazones humanos 
(con venas cavas y arterias pulmonares y las demás cosas) 
que en conservar su trabajo en la cafetería. 
Son todos esos a los que no estáis mirando. 
Los tímidos y los humildes algo traman. 
Callan por vergüenza
y callan por no delatarse. 
Se reconocen entre sí 
hablando apenas
y empleando códigos tan maravillosos e impenetrables
como los pensamientos que no revelarán jamás. 
Cuando los tímidos y los humildes se levanten
nadie va a verlos venir. 
Porque no es lo que se espera de ellos. 
Porque todavía entonces tendréis los ojos 
vueltos 
en la dirección equivocada. 

(Escuchando: Kasabian - Vlad the Impaler)

3/11/14

demasiado lars von trier

El muñeco fue el primero en cerrar los ojos. Dentro cámara super lenta. Varias toneladas de carga salidas de ninguna parte impactaron contra el vehículo sacudiendo las tres cabezas parpadeantes a 10.750 imágenes por segundo. Blanco y negro. Un aria barroca sonando fuerte. Ella fue la que tomó conciencia de la situación, cogió el brazo de él y tiró hasta que ambos salieron del coche. Fuera, sin Haendel, coloreados, a velocidad estándar, contemplaron (en escala de grises) cómo Mickey Mouse desaparecía realmente despacio entre aquel amasijo de metales retorcidos. Cuando brotaron las llamas se abrazaron, teniendo presente que con casi total seguridad nunca se verían en otra igual.

20/10/14

año cero

Esperó hasta dormirse y soñó con otra navidad. Una navidad negra. De cielos oscuros y suelos cubiertos de ceniza. Una navidad de rostros consumidos tras las máscaras de gas. Una en la que los Reyes Magos traían carbón a los niños buenos y se llevaban a los malos. Se despertó pronto y corrió escaleras abajo desembarazándose de la inquietud. Sus padres estaban junto a los regalos. Por primera vez reparó en las arrugas de mamá. No era tan guapa. En los ojos cansados de papá. No era tan fuerte. Quizá no había sido un sueño. Quizá era un rápido vistazo a algo que se acercaba. 

(Escuchando: Apoptygma Berzerk - Shadow [People Theatre Remix])

13/10/14

las noticias de la carpeta con el símbolo de playboy: roswell tres delicias


Hace exactamente un año y cuatro meses que el bueno de Li fue encarcelado por lo del extraterrestre. Yo lo único que os pido es que veáis la foto del espécimen. 

(Escuchando: Beck - Country Down)

6/10/14

adelante

Cuéntame otra vez eso tan divertido,
¿cómo empezaba?
Sí, aquello de que no eres feliz.
Lo de que la gente es cruel
y te pone triste.
Cuéntame que durante las vacaciones no paró de llover
ni un solo día. Remárcalo.
Ni
un
solo
día.
Bien.
Ahora déjame ver las fotos de tu sobrino
y yo haré como si no me importara una mierda.
Dime que me entiendes,
que te gustaría hacer algo por mí,
que los Piscis somos personas sensibles.
Sonríe.
Enséñame cómo conseguir un contrato.
Genial.
Háblame de la dieta sana.
Vamos juntos a explicarle lo del gluten
al mendigo
que se arquea bajo el peso de la desesperanza.
Convéncele de que ningún animal se lo comería a él.
Asegúrale que los gusanos no van a roer su estómago
cuando muera
el próximo invierno.
Adelante.
Quiero escucharlo. 

(Escuchando: Johnny Cash - Rock and Roll Shoes)

28/9/14

estoril

Es mi segundo día en Cascaes. Ayer estaba demasiado cansado por el viaje y me dio pereza escribir. Sigo preguntándome qué hago aquí. Ambientar mi relato en Estoril porque el premio consistía en un viaje a la costa portuguesa resulta una estratagema tan obvia y lamentable que no sé en qué estaba pensando. “¿Escritor?”, me pregunta todo el mundo. No tengo ni idea de por qué me lo preguntan. “Sí”, miento a veces. Cuando contesto que no, que solamente he ganado un certamen con un relato mau (“malo” es lo único que he aprendido a decir) se encogen de hombros y sonríen sin terminar de entenderme. De manera que digo que sí casi todo el rato.

El viaje era para dos personas. Debería haber venido con alguien. Me he dado cuenta después de pasar la mañana en el spa, la piscina y el baño turco. No ha sido en ninguno de esos sitios, me he dado cuenta más tarde, tumbado en la cama contemplando las dos entradas a las que tengo derecho para visitar el Palacio da Pena. Si hubiera estado con alguien nos habríamos reído. En ese momento nos habrían dado igual sus torres, su fachada y sus cúpulas. Nos habría bastado con el nombre. Yo sí que doy pena. Si hubiera venido con alguien todavía nos estaríamos riendo.

Consigo hablar con un trabajador del hotel que me propone con insistencia que pase por la Rua Francisco Romero, cerca de la biblioteca municipal. Investigo si Francisco Romero fue un torero. Me responde que probablemente lo fuera. A cierta altura nace una bocacalle que acaba en un racimo de casas donde viven y se reúnen muchos escritores (utiliza la palabra “racimo”); la mayoría españoles, dice. Como no tengo más planes para los próximos días y necesito mantener una conversación fluida le hago caso.

La zona está perimetrada por una verja de seguridad y hay un guardia en la puerta. “Escritor”. Sí, sí, claro. Escritor. Comprueba mi pasaporte y me deja pasar. En un principio atribuyo tanta medida de precaución a que tal vez vaya a encontrarme con una figura literaria de renombre dentro de alguno de esos apartamentos. Puede que una amenazada por sus ideas. Es ridículo, pero durante un momento la idea cruza mi mente.

Me reciben emocionados. Muy emocionados. Demasiado emocionados. Hablan atropelladamente, se interrumpen entre ellos, me enseñan sus textos, me obligan a leerlos. Lo hago. Todos son bochornosamente predecibles. Parecidos en su lenguaje recargado y desprovisto de información real. Muchos han sido escritos hace poco pero es como si hubieran influido los unos en los otros durante décadas. Para entonces no me sorprende cuando comentan que ellos también ganaron un concurso y una vez en Cascaes decidieron quedarse a vivir. Tampoco cuando me invitan a pasar la noche como uno de los suyos. Digo sí una vez más. ¿Qué otra cosa iba a hacer? Estoy en un campo de internamiento para escritores malos. 

(Escuchando: Marvin Gaye - Here, My Dear) 

22/9/14

carta a un joven auditor

Deberías airearte un poco, joven auditor. Pasear por la sierra. Deberías decirle a tu novia que no trabaje tanto. Que las hemorragias nasales pueden estar causadas por el estrés. Deberías olvidarte el móvil a veces y recuperar el fijo para llamar a tu madre. ¿Tanto dinero necesitas como para no invitar a tus amigos cuando por fin os encontráis? Deberías pasar menos tiempo en las torres de AZCA y más en los bajos. Entonces, en una de esas noches oscuras, verías las fosforescencias fatuas de los cadáveres recientes. Los cimientos, joven auditor, se apoyan en miles de restos fósiles de muchachos como tú. 

(Escuchando: Queens Of The Stone Age - Broken Box)

15/9/14

blues de san ginés

Hay una adivina en la Calle del Arenal 
que tiene un cartel en el que pone
“Salud, dinero y amor por la voluntad”. 
Me llevo la salud, el dinero y el amor
y dejo la voluntad,
porque quiero saber lo que se siente
y porque
hasta ahora
mi voluntad no me ha servido de nada.

(Escuchando: Ceremony - The summer the sun)

8/9/14

brueghel

El Prado exhibe El Triunfo de la Muerte de Brueghel el Viejo. En televisión una ramera exhibe los moratones que le ha causado el animal de su novio. Oh, pero los museos cierran tarde. Podemos terminar de ver esto y acercarnos al Prado luego.

3/9/14

obsolescencia programada

Es cruel que se nos acabe el tiempo
y tengamos que emplearlo en tratar de enderezarnos,
en engrasar las piernas con drogas tópicas
y en rendirnos a la ansiedad
en salas de espera implacables
porque la vista sólo nos permite ya mirar hacia dentro. 
Es cruel que la mente siga funcionando pero no lo haga el cuerpo. 
Es cruel que el cuerpo siga funcionando pero no lo haga la mente. 
Es cruel no ser ése nunca más. 
Es cruel llamar a tu madre a gritos en mitad de la noche
cuando te despiertas recordando que has sobrepasado la edad
que ella tenía al morir. 
Es cruel esperar malherido en el baño 
a la única visita que no va a fallarte. 
Es cruel sentir envidia de los movimientos de animales pequeños
y es cruel perderte un destello de lucidez
que no volverá a producirse. 
Es muy cruel que las horas de descanso se reduzcan
conforme aumentan las de dolor.
Es tan cruel olvidarse de uno mismo
que la naturaleza emplea los más perfectos mecanismos de incapacitación
para evitar que salgamos a la calle y disparemos contra esa juventud
pletórica y provocadora, 
resplandeciente al atardecer. 

(Escuchando: Tom Petty and The Heartbreakers - Breakdown)

25/8/14

club deportivo azalea

Intentas caminar por el Club Azalea como Nick Cave por Jubilee Street. Pero estás demasiado pálido. Te sobran unos cuantos kilos. Has perdido pelo. Lo has ganado en otras partes. Has perdido carisma. Resolución. Llevas un bañador que ya no se lleva. Que nunca se ha llevado, en realidad. Asistes a una celebración ritual a la que no has sido invitado. Las únicas representantes del sexo opuesto que podrían dejarse impresionar están sentadas en círculo, desparramándose sobre sillas de lona reluciente por el uso. Han escrito sus iniciales con rotulador en ellas. Juego de tronos. No te mirarían si tuvieran treinta o cuarenta años menos. Te quitas la camiseta prometiendo algo que  —es evidente mucho antes de que lo hagas— no puedes cumplir. 

Tu gradual entrada en la piscina después de haberte expuesto de forma no menos cobarde a la ducha es tan lastimosa que si alguno de los socorristas te hubiera visto habría empezado a hacer estiramientos. Resulta tremendamente difícil de creer que no seas capaz de aguantar más que un largo. Pero es así. Tus piernas están débiles. Tus brazos responden hasta cierto punto. Te dedicas a hacer anchos. Un par o tres antes de refugiarte en el bordillo jadeando como un mastín viejo. Los tipos duros fuman. No jadean. Los tipos duros no nadan. Y si nadan, pueden recorrer una distancia respetable. Cuatro o cinco largos al menos. A lo mejor el problema está en tu manera de respirar. A lo mejor tu cerebro no es capaz de coordinar tus movimientos con eficiencia. No sería la primera vez. A lo mejor nunca aprendiste a nadar. Tus gafas de bucear baratas se empañan constantemente. Como si no fuera suficiente con todo lo anterior. Consiguen que bajo el agua las figuras que avanzan en dirección perpendicular parezcan próximas. Carnes descolgadas siguiendo las imposiciones del oleaje. Un cuerpo femenino se desliza delante de ti. Eso te anima un poco. Más tarde, cuando emerja por una de las escalerillas laterales, descubrirás que alcanzó su plenitud antes de que nacieras. Eso te deprimirá. Nadie va a apartarse de tu camino porque ni siquiera esperan que tú te apartes del suyo. Porque no estás ahí. Su rutina funciona como un escudo impermeable a las intromisiones. Eres el fantasma de un chaval que murió ahogado hace mucho tiempo. A menos de un kilómetro de donde te encuentras hay un castillo en ruinas del siglo XIII. 

La zona más profunda te asusta, de manera que te mueves en el extremo opuesto, donde los niños chapotean alegres bajo la supervisión de sus padres. Tendría más sentido si fueras uno de ellos. Si fueras uno de los niños; si fueras uno de los padres. El agua no es tu elemento. ¿Cuál es tu elemento entonces? Las cruces formadas con azulejos negros marcan el principio de cada calle. Así los nadadores saben hacia dónde tiene que dirigirse. La única cruz que hay en tu recorrido es la que formas al interponerte en la navegación longitudinal lógica del resto de bañistas. 

Al abandonar la piscina la cosa no mejora demasiado. Te tumbas sobre una toalla invisible porque tu invisibilidad afecta también a tus pertenencias. El sol no calienta. Escuchas cosas como: “Iñigo y Maribel están en un spa. Con los niños. Es un spa para ir con niños”. “Mi hermano estuvo a punto de tener un accidente. Aquí mismo.” “Llegué a pesar 58 kilos. Me quedé estupenda. Pero yo lo que quiero es comer. Poco, pero un poco de todo. Ni siquiera cuando era jovencita estaba delgada”. Alguien llama a su hijo “campeón”. Una mujer le cuenta a otra la parábola del hijo pródigo o la del buen samaritano o la del sembrador o cualquiera de las otras mientras las dos se alejan caminando erguidas con el pelo recogido como en un anuncio de agua mineral. Un grupo de hombres bromea sobre la simpatía de uno de ellos por un equipo de fútbol que dos días atrás perdió estrepitosamente. Sus esposas se ríen con aullidos agudos y sincopados y se llevan las manos a la boca intercambiando miradas con rápidos movimientos de cabeza. Un tatuaje que podría ser una variz. Una variz que podría ser un tatuaje. Alguien sorprendentemente tonificado para su edad. 

En el vestuario, un crío rollizo se para delante de ti y te observa con curiosidad. Dice: “Hola”. Sonríes. Desaparece. Un viejo pequeño y vivaz desnudo de cintura para abajo canturrea combinando la letra “p” con un sonido parecido al de la “o” o la “u” lo primero que se le pasa por la cabeza. Se comporta como cualquier viejo en cualquier vestuario del mundo. Al secarse, individuos con vello en la espalda balancean sus genitales a pocos centímetros de la cara de los que algún día harán lo mismo con los nietos de esos individuos y les suministran consejos fortificantes del mismo modo en que debió originarse todo hace miles de años en la profundidad de las cavernas. Palmadas viriles entre los adultos. Propuestas de excursiones ciclistas a la sierra. El anciano suspira. 

Llevas dos horas sin pronunciar una sola palabra. La última, alguna clase de saludo dirigido a la chica que está en la entrada, apenas audible. Es guapa y tiene aproximadamente tu edad. Una compañera de juego. Ahora está leyendo y no se entera cuando pasas frente a ella modificando ligeramente el saludo inicial. Así que vuelves sobre tus pasos y le pides fuego. Porque el otro día la viste fumar. Porque no te atreves a pedirle nada más. Le das las gracias. Te vas.

(Escuchando: Turbonegro - Sailor man)

11/8/14

círculo social ártico

Patricia tiene una amiga 
con la que harías buenas migas. 
No está mal.
Estudió Trabajo Social. 
Una tía simpática, alegre y muy inteligente. 
Le gusta ayudar a la gente. 
Patricia y yo creemos que te conviene, 
ya es hora de que te olvides de Irene. 
Vale, puede que no sea una belleza, 
pero ha llegado el momento de que sientes la cabeza.
Bueno, no es una amiga, es su hermana, 
me la presentó este fin de semana.
¿Te imaginas a los cuatro
yendo a la bolera un rato, 
luego a cenar una pizza
y a ver una peli de risa?
Entiendo que quieras salir y conocer a otras personas
beber, gastar bromas,
hablar con extranjeros y practicar nuevos idiomas,
yo pasé por la misma etapa
y no pretendo darte la chapa, 
sabes que somos amigos, 
puedes contar conmigo,
sólo quiero hacerte ver
que necesitas una mujer. 
Una mujer de verdad, una que sea buena
no como aquella eslovena
o la otra, la chilena,
que de todas las que te buscas ninguna merece la pena.
¿Organizamos pues la cita con la hermana de Patricia?
Hazme caso, de verdad, la chica es una delicia. 
Hasta le hemos pasado poemas de esos que te gusta a ti escribir,
a ver si se iba a pensar ahora que eres un hazmerreír. 
No los ha entendido bien, porque no es muy de leer,
lo que sí que nos ha dicho es que te quiere conocer. 
¿Tú qué opinas? ¿La llamamos?
¿Hola? 
¿Estás ahí? 

(Escuchando: Arctic Monkeys - Snap Out of It)