14/3/14

1+1=2

Nuestros mismos ojos. Uno es mío. El otro es de Alicia. Nuestros mismos rasgos. Tiene mi boca. La nariz de Alicia. Mis manos. Nuestras personalidades. En su interior se agitan dos inteligencias que luchan por imponerse la una a la otra. Alicia se ha vuelto a levantar llorando. Sé en qué piensa. En lo mismo que yo. En por qué algo puede resultar tan bello entre dos personas, entre ella y yo, y funcionar tan terriblemente mal en una. En esa a la que todavía no sabemos si llamar hijo o hija. A la que hacemos todo lo que podemos por querer. 

(Escuchando: Bloodhound Gang - The inevitable return of the great white dope)

11/3/14

in the loop


Contemplar la película de tu vida en el momento antes de morir. Quedarte dormido de puro aburrimiento. Despertarte. Volver a ver la película desde el principio. Dormirte de nuevo. Despertarte otra vez. De cómo una existencia carente de emoción puede conseguir burlar a la muerte.

(Escuchando: The Smiths - Girlfriend in a coma) 

27/2/14

tú, máquina síncrona

Eh, máquina síncrona,
¿tienes tiempo para esto?
¿Puedes parar los golpes?
¿Puedes canalizar mis embestidas?
¿Puedes llevarte toda la furia que hay dentro de mí?
Eh, máquina síncrona,
¿puedes rebajar mi venganza hasta un nivel de justicia razonable?
¿Puedes ayudarme a alumbrar esta ciudad oscura,
pestilente,
llena de ratas
y de miserables?
Eh, máquina síncrona,
¿puedes proporcionarme una vía de escape para tanta rabia?
¿Puedes acercarme al mundo real?
¿Puedes transformar la tensión en algo útil?
Ahora yo te pregunto:
¿querrías tú ser mi máquina síncrona?
¿Harías eso antes de que empiece a arder?

(Escuchando: Mogwai - Take me somewhere nice)

20/2/14

aitor


Éste es Aitor. Quiere ser actor, pero mientras tanto se gana la vida como repartidor de pizzas en un Telepizza. Ahora acaba de conseguir un pequeño trabajo de lo suyo. Hace de repartidor de pizzas en un anuncio de Telepizza. No tiene frase ni nada. Está bastante contento.

(Escuchando: Alice in Chains - Lesson Learned) 

17/2/14

zombie kid

Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos del cajón. Cuchillo y tenedor. Como cada día, se aplicó en conseguir unas buenas circunvoluciones y una forma y textura apropiadas. Cuando el filete de pollo adquirió un aspecto convincente, se acercó al salón donde el pequeño Víctor esperaba su cena. 
—¡Cerebro! —grito entusiasmado. 
—Cerebro —confirmó ella. 
Fue en un campamento. En Fuenterrabía. Allí contrajo una rara enfermedad y terminó convirtiéndole en el zombi que, después de todo, seguía siendo su hijo. Mientras le observaba comer pensó que lo bueno de aquello era que los zombis muy listos no son. Y que ahora al chaval le encantaba la coliflor. 

Este relato quedó finalista de la semana en el concurso Relatos en cadena del programa La Ventana, en la Cadena SER. 

(Escuchando: Nine Inch Nails - Gave up [open my eyes])

7/2/14

ella eligió la locura

Ella eligió la locura.
Eligió poner pegatinas fosforescentes
en el techo de su habitación.
Eligió crear con sus manos cosas de la nada.
Eligió dibujarse palabras que le gustaban en el cuerpo
porque la sensación del rotulador deslizándose por su piel
le gustaba.
Eligió pasear sola por las ciudadelas de su mente.
Eligió bailar desnuda.
Eligió algunas drogas.
Eligió no dar explicaciones a nadie.
Eligió algunas imágenes,
eligió la música,
eligió la ficción.
Eligió escribir
cuando los demás elegían tener hijos.
Eligió tener una mascota pequeña
cuando los demás habla, bla, bla, ban de política.
Eligió no volver a salir de casa.  
Eligió pintar cuadros que nadie más podía entender.
Eligió mirar fijamente a las paredes
y proyectar en ellas
películas que eran sueños,
alucinaciones,
fantasmagorías introspectivas.
Ella eligió la locura
sin saber que
antes de eso,
mucho antes,
antes incluso de que naciera,
la locura la había elegido a ella.

(Escuchando: Des Ames Libres - One Day)  

16/1/14

stuntman bermejo

—Y así, tontamente, acabe pegándome un tiro.
—Oiga, yo no… 
—Mire, sólo tiene que apretar aquí. 
—Deje de apuntarme con eso, haga el favor. 
—No, si las balas son de mentirijillas. Por eso le digo que…
—Usted está loco. 
Al llegar a la planta baja, el nuevo inquilino del tercero salió disparado del ascensor y huyó por el portal. José Antonio Bermejo, un especialista de cine jubilado, le observó desaparecer calle abajo con los ojos húmedos y su pistola de fogueo en la mano. Siempre que se acercaba una reunión de vecinos intentaba convertirla en algo un poco más emocionante. Pero lo único que encontraba era incomprensión. 

(Escuchando: Them Crooked Vultures - Elephants)

31/12/13

lo que no sabéis sobre los microondas

Hay un par de cosas que no sabéis sobre los microondas. Existe una tendencia generalizada a creer que funcionan a través de ondas electromagnéticas definidas en un rango determinado. En el rango de las microondas, precisamente. Mediante un proceso denominado calentamiento dieléctrico, las moléculas de las sustancias expuestas a estas microondas (el agua, principalmente) se ponen en movimiento liberando una energía que, a la postre, no es otra cosa que calor. Y no. Esto no es así.

Podía haber sido. A mediados de los años cuarenta del siglo XX, el ingeniero Percy Spencer estaba realizando una serie de experimentos con un tubo al vacío llamado magnetrón. Al terminar la jornada observó que la chocolatina que guardaba en el bolsillo se había derretido completamente. No se le ocurrió que las ondas generadas por el magnetrón eran la causa. Tiró la chocolatina a la papelera del laboratorio, cerró con llave y se marchó a su casa. Tiempo después, y sin que la chocolatina tuviera realmente nada que ver, le dio por pensar en que la existencia del ser humano mejoraría una barbaridad si existiera una manera de calentar los alimentos de forma rápida y limpia. Y cayó en la cuenta de que, tal vez, había un medio de conseguirlo. La teleportación. La teleportación se presentaba como una opción válida. Había que intentarlo.

Después de unas pocas semanas, Spencer construyó un aparato bastante parecido a nuestros hornos microondas actuales que, como aquel, calientan por teleportación. Enseguida descubrió lo sorprendentemente sencillo del procedimiento y achacó que nadie lo hubiese llevado antes a cabo con éxito a la falta de un trabajo riguroso y serio. Porque lo del Experimento Filadelfia había sido una chapuza en toda regla. Secreto revelado. Cómo. ¿Que esa tecnología está presente en nuestras vidas, en nuestras cocinas y nunca lo hemos sabido? Bueno, ¿cuánta gente se preocupa por indagar en el mecanismo de un microondas? Calienta el café. No se lleva bien con el papel de aluminio. Puede hacer explotar a un gremlin. Eso es todo lo que hace falta entender. ¿Y qué opina el Gobierno de Estados Unidos? El Gobierno de Estados Unidos está al corriente, claro que lo está. No se dedica a propagarlo a diestro y siniestro (por aquello del control mundial y demás), pero lo sabe, como es natural. Y usa las teleportaciones. Con moderación, eso sí. Tampoco es plan de abusar de algo tan vistoso. Mucho menos hoy en día, que todo el mundo tiene un móvil con cámara. En fin, a lo que íbamos.  

La técnica desarrollada por Percy Spencer se basa en la singularidad de los agujeros de gusano. Al darse a un nivel modesto, doméstico, permite la posibilidad de un flujo bidireccional. En una escala mayor ya es otra cosa. Eso ya no tiene nada que ver. Es un cristo que para qué. Pero en las cotas en las que se mueven los microondas resulta perfectamente realizable. El gasto (ahí suele estar la madre del cordero) es aceptable y, sobre todo, rentable. Se empieza a ver por dónde va la cosa, creo yo. Por si acaso no fuera así. Que te apetece, no sé, calentar unas croquetas ya hechas. Bueno, un par de minutos a 300 o 350 vatios deberían bastar. O lo que es lo mismo, 120 segundos en algún punto concreto entre la Tierra y Venus. Cientos de miles de millones de partículas de croqueta emprendiendo un viaje de ida y vuelta hasta esa posición exacta a velocidades superiores a las de la luz. Yendo y viniendo con una celeridad inimaginable. Cruzándose por el camino. Increíble, ¿verdad? Y cierto. Increíblemente cierto.

Pues así con todo. ¿Un vaso de leche templada antes de irte a dormir? Lo único que se necesita es una pasadita por alguna de las planicies de Mercurio. El desierto del Sáhara va muy bien para la comida china. O el de Dash-e Lut. También el de Atacama. Cualquiera de ellos, de hecho. Depende del plato. La diferencia horaria no es problema. Estamos hablando de agujeros de gusano. Es posible cocinar una pizza al sol de hace 3000 años. Sí que es verdad que esto de los desiertos a veces trae pequeñas complicaciones, las cosas como son. Existen casos de coyotes que se han interpuesto en el camino de una tortilla de patatas de la noche anterior y han terminado fusionados con ella. Una tortilla de coyote en el microondas. Algo que el comensal, sin duda, no espera encontrar. Pero vamos, que solamente ha pasado en un par de ocasiones. Puede que más. En cualquier caso no supone nada de lo que haya que preocuparse. Ah. Un último punto. Tal vez alguien se lo esté preguntando. Si los microondas son capaces de enviar alimentos a los puntos más calientes de la galaxia, podrán también mandarlos a los puntos con las temperaturas más bajas. Es razonable pensarlo, ciertamente. Aunque no deja de ser un disparate. La AIF* se enfadaría mucho si dijera lo contrario. Ellos acuñaron aquello de que la venganza es un plato que se sirve frío.

 *Alianza Internacional del Frío. Integrada en su mayor parte por empresas frigoríficas, heladeros y fabricantes de cubitos de hielo.


Juana de Arco. Por Matainventor. 

(Escuchando: :Wumpscut: - Teufelszeug)

11/12/13

el buen narco

Su conciencia no podría soportarlo así que, como acostumbra a hacer, se adelanta al resto, coge el machete y secciona la garganta del mexicano que compró una cantidad de cocaína que no podía pagar. El ajusticiamiento transcurre delante de la cámara. Van a enviarles la cinta a la viuda y sus hijos. Tarda casi diez minutos en separar la cabeza del tronco. Necesita un hacha. El mexicano intenta gritar pero sólo emite un gorgoteo espantoso. Le llaman El Duro. Porque no saben que si él se echa a la espalda el peso de todas esas muertes es para que los demás no tengan que hacerlo. 

(Escuchando: Explosions in the Sky - Catastrophe and the Cure)

5/12/13

el jesuita en la terminal

El jesuita espera pacientemente
en la capilla de la terminal 1.
Agazapado tras el enrejado de madera del confesionario
como una araña en su telaraña.
El aeropuerto es un hervidero de almas que van y vienen
arrastrando maletas pesadas,
arrastrando los pies,
arrastrando el peso de sus conciencias,
mientras en el interior del oratorio
reinan la paz, el silencio y la soledad.
Pueden pasar horas,
días,
hasta que un viajero entre en la capilla.
Aun entonces es probable que no se confiese.
El jesuita espera.
Reflexiona sobre sus propias faltas.
Ha confortado a hombres y mujeres de todas las nacionalidades.
Habla más de diez idiomas.
La internacionalización de los pecados
nos hace a todos iguales ante sus ojos
y ante los ojos de Dios.
El jesuita espera
sin moverse en ningún momento de su puesto.
Porque
si lo hiciera,
si no pudiera proporcionar consuelo
al que llega en mitad de la noche,
el jesuita fracasaría.

(Escuchando: Oneohtrix Point Never – R Plus Seven)

15/11/13

club mimos

Esa expresión. Llover a mares. Esa expresión se queda corta para hacerle justicia a la enorme cantidad de agua que descargó la tormenta con la que me encontré aquella noche de octubre de hace ya más de veinte años. No sé en qué momento abandoné la carretera principal, pero llevaba un rato rodando por una vía secundaria sin conseguir ver nada cuando me pareció distinguir una luz al fondo. Me dirigí hacia ella. Un destello parpadeante en mitad de la oscuridad. Sonaba Black Sabbath de Black Sabbath por los altavoces del coche al llegar a su altura. Club Mimos. El neón rojo palpitaba sobre la puerta de entrada. Si yo era el protagonista de algún tipo de película de terror, tenía que atravesar ese umbral. Es lo que se espera del protagonista de una película de terror. De todas maneras, era lo único que podía hacer. 

En esa época yo no estaba comprometido de ninguna forma, así que pasar un rato, hasta que mejorara el tiempo, en un sitio como aquel no podía hacer daño a nadie. Entré. Y al abrir la puerta reparé en un detalle curioso. El sonido de un tintineo agradable. Producido por uno de esos móviles que se cuelgan en las puertas de las tiendas para que el dependiente sepa si ha entrado alguien. Una anciana de aspecto simpático se acercó lentamente, y sin mediar palabra, me cogió de la mano y me condujo hasta una pequeña habitación. Por el camino pude ver a hombres acodados en la barra (aunque en este punto resulte sorprendente, me pareció hecha de caramelo) que me saludaban levantando sus tazas llenas de chocolate caliente. Camareros repartiendo bollitos de crema recién horneados. Enormes fuentes llenas de gominolas. En un extremo, un tiovivo giraba muy despacio proyectando imágenes de estrellas y planetas por toda la estancia. El Club Mimos hacía honor a su nombre de una manera que todavía no podía imaginar. 

La habitación era confortable y cálida. Con una iluminación tenue. Había un frasco de Vick’s Vaporub y un bote para hacer pompas de jabón en la mesilla. Frente a la cama, una televisión enorme provista de home cinema. La cama estaba cubierta por una colcha con dibujos de dinosaurios. Me gustan los dinosaurios. Como a todo el mundo. Transcurrido unos minutos, llamaron a la puerta. Era la mujer que me había llevado hasta allí. Con un grupo de chicas que fueron pasando por el dormitorio, de una en una, para presentarse. Todas iban vestidas con pijamas de algodón y calcetines. Todas eran guapas a rabiar. Todas mostraban una delicadeza y una bondad poco frecuentes. Cuanto más en un mundo como el de los clubs de carretera. Lo tuve claro desde el principio: por encima del resto, destacaba una de ellas. Maite O. Mientras esperaba a que Maite volviera a entrar, escuché un tumulto en el exterior. Cuando apareció (impregnando el aire de un delicioso aroma a vainilla), quise saber qué había pasado. Aquí —dijo con una sonrisa tan encantadora que me hizo tragar saliva— no se viene a hacer lo que ese hombre había venido a hacer. 

No hubo necesidad de más explicaciones. Puso a los Lemonheads y sacó dos batidos de fresa de un pequeño frigorífico. Si quieres cualquier otra cosa, —propuso— hay limonada, Dr Pepper, zumo de naranja… Y tarta de manzana. Así estaba bien. Se lo dije y me quedé mirándola sin saber qué hacer. Si Dios creó el mundo en siete días tuvo que emplear seis en diseñar la cara de Maite O. Su cuello. Sus hombros. Todo su cuerpo. El grado de inclinación de sus miembros al doblarse. Nos tumbamos en la cama y empezamos a hablar. Me abrazó. Tardé bastante tiempo en convencer a mis sentidos de que aquello no era lo que parecía. A mí me había quedado claro, pero algunas partes de mi cuerpo se resistían a permanecer relajadas. Me contó historias de su infancia. Yo le conté historias de la mía. Nos tocábamos las manos. Nos acariciábamos el pelo. Nos besábamos los párpados. Nos hacíamos reír. Bien entrada la madrugada caímos en un sueño profundo. La televisión proyectaba videoclips de Spike Jonze sobre nosotros. 

Me despertó un susurro fresco. Un aliento húmedo cargado de palabras cariñosas y olor a cereza. Desayunamos tarta de manzana mientras jugábamos con el escalextric que Maite O. guardaba en un baúl. La hora de marcharme se estaba acercando y, por tanto, la de pagar. A ella no parecía importarle el tema del dinero. Desviaba continuamente la conversación o simplemente hacía como que no me oía. Decía “A veces es bueno salirse del camino” y otras cosas por el estilo. Nos despedimos en la entrada. Prometí volver. Mientras encendía el motor del coche y Black Sabbath volvían a rugir, vi a través del retrovisor cómo me despedía con la mano. Una imagen que se fue haciendo más y más pequeña hasta desaparecer. No tengo ni idea de cómo llegué al Club Mimos. Ni recuerdo cómo desemboqué otra vez en la carretera principal. Pero prometí que volvería y lo he cumplido. Lo cumplo cada vez que algo va mal. Cierro los ojos y el neón aparece enseguida. La puerta se abre y la cámara avanza a través de rostros afables, figuritas de acción y constelaciones centelleantes. Para alcanzar la habitación en la que está Maite O. Invitándome a pasar y a quedarme hasta que todo se solucione. 

(Escuchando: Elvis - Heartbreak Hotel)

11/11/13

lunes

Estás haciendo cola en el supermercado. Cuando llega tu turno, te das cuenta de que no tienes dinero suficiente y le pides a la cajera que te quite un par de cosas. Bajas la cabeza avergonzado y ves un guante de plástico con todos sus dedos recogidos a excepción del dedo corazón, que te apunta directamente. Creo que Dios se está riendo de mí. 

 (Escuchando: Ornamento y Delito - Hombre nuevo)

7/11/13

un brutal episodio de realidad amplificada

Mientras papá cerraba la tapa del contenedor giró la cabeza para decirme algo. Por eso no pudo ver el coche que se lo llevó por delante. El golpe no debería haber sido mortal. El conductor no circulaba a gran velocidad. Simplemente no pudo frenar a tiempo. Pero el impacto fue bestial. Una explosión de sangre y vísceras se expandió por toda la calle salpicándonos a todos. Jamás he vuelto a asistir a una reacción tan desproporcionada. A partir de entonces dejé de creer en Dios. Hace poco he empezado a hacerlo de nuevo. Dios existe. Es un ser perverso y sádico que me espera en el Infierno. 

(Escuchando: MIA - Space)

26/10/13

código maría paz

Algunos días no enciendo la televisión. Normalmente veo el telediario y poco más, pero algunos días no hago ni eso. No me entero de nada. Entonces llamo por teléfono a mi madre, que generalmente tiene la televisión puesta. Si llamo a la hora adecuada está viendo el telediario. Y me lo cuenta. Son pequeñas acotaciones en la conversación. Intersticios espontáneos de información sesgada. “Pobres perros, los visten de mamarrachos.” No importa que el tema fuera otro. Los perros vestidos se han colado en la charla. Yo tengo que completar la noticia a partir de apuntes mínimos. In media res. Una traducción simultánea formada por notas al margen. Ella sabe que no tengo la televisión conectada pero actúa como si los dos estuviéramos frente a la pantalla. Es parte del plan. Deduzco que en algún lugar del mundo se ha celebrado una feria canina. Puede que tal o cual diseñador haya sacado una línea de ropa para mascotas. Estoy encerrado en un zulo a varios metros bajo tierra y mi madre sólo puede enviarme mensajes cifrados que me toca desencriptar. Ambos nos estamos jugando la vida. Oigo de fondo al locutor. “Londres (…) violín (…) Titanic.” Y a mi madre. “Pero si está hecho una pena. Qué barbaridad pagar todo ese dinero.” No hay duda. En Londres se ha subastado un violín proveniente del Titanic y alguien se lo ha llevado a cambio de una suma importante. Es lógico pensar que el violín pertenecía a uno de los miembros de la banda del barco. Se encontraba en mal estado de conservación. Sobre eso no hay discusión posible. “Ayer ganamos al Barcelona.” En realidad creo que la cosa terminó en empate. Ya se sabe que siempre hay algo que se pierde en la traducción. Traducción implica interpretación. Sigo en el zulo. Un miembro del Servicio Federal de Seguridad apunta a mi madre con una semiautomática. Por eso no puede ser fiel a los acontecimientos. Pero guarda la compostura. Su sangre fría es admirable. A mí a esas alturas ya se me habría escapado algo relevante. Y mi madre y yo estaríamos muertos. Ella permanece imperturbable. Sabe lo que hace. Continúa insertando reflexiones a vuelapluma sobre asuntos que me han sido escamoteados hoy. Extraigo el núcleo con toda la precisión de la soy capaz de hacer uso. Nos despedimos. En unos días se repetirá el procedimiento. A este lado, un hombre aislado. Al otro, una mujer valiente. Como siempre, grabarán la conversación. 

 (Escuchando: Blur - Out of time)

20/10/13

las chicas sólo quieren pasárselo bien

No te acerques.
Es inútil.
La zona está perfectamente perimetrada
por su indeferencia.
Las entradas están selladas herméticamente
por secretos compartidos entre ellas. 
Las chicas sólo quieren pasárselo bien.
No van a entrar en tu juego.
No quieren tomar nada.
No estudian.
No trabajan.
No se dedican a nada.
No les gusta la música.
No leen.
No van al cine.
No hacen nada.
No vienen mucho por aquí.
No tienen nombre.
No tienen edad.
No insistas.
No sirve de nada.
No las toques.
No tiene sentido.
Todos somos capaces de verlo.
Y tú eres una persona triste y lamentable
en una sala llena de gente.

(Escuchando: Savages - I am here)  

9/10/13

la balada del hombre recto

Érase una vez un hombre. Pulcro, ordenado y trabajador. Constante. Desprendido. No bebía. No fumaba. Pagaba sus impuestos. No soñaba. Abría la puerta a los demás y cerraba los ojos al rezar. Nunca dio motivos para que se cuestionara su reputación ni cuestionó la reputación de otros. Jamás se quedó dormido. Respetaba las normas del juego y acataba las leyes. Era la viva imagen de la integridad. Hoy nadie lo recuerda. Puede que alguien acierte a sostener: Oh, sí, espera. Me acuerdo. Era un hombre recto. Esto es lo único que dirán. Porque es lo único que se puede contar de él. 

 (Escuchando: Elvis - Something)