“Qué desgracia, todo me tiene que pasar a mí.” En esto pensaba Grigori Lébedev una tarde mientras esperaba a que el camarero le trajese un café. Como el camarero tardaba, Grigori se había puesto a pensar. Y tanto tardaba, que Grigori llegó a la conclusión de que él mismo era un peligroso asesino en serie. ¿Por qué no? El mundo estaba repleto de ellos. Cuando por fin apareció el camarero, tropezó y derramó sobre los pantalones de Lébedev todo el café caliente, sacándole de su ensimismamiento. Éste le tranquilizó y le dijo que no pasaba nada, que no se preocupase. Mientras el camarero volvía con otro café y algo para limpiarle, Grigori Lébedev siguió con lo suyo. Pensó que seguramente sería capaz de controlar sus instintos homicidas, como había hecho hasta ahora, y que en ese caso, lo más natural es que no tuviera ningún problema en el futuro.
(Escuchando: Eisbrecher - Mehr Licht)